martes, 3 de septiembre de 2019

LA FORMACIÓN DE LOS EMPRESARIOS PRIVADOS PARA UN MUNDO MEJOR

LA FORMACIÓN Y CAPACITACIÓN DE LOS EMPRESARIOS PRIVADOS PARA UN MUNDO MEJOR (en caso de que todavía haya tiempo)

1. ANTECEDENTES
Este artículo está motivado por el contenido de una pequeña parte del libro INTELIGENCIA GENIAL, siete principios claves para desarrollar la inteligencia, inspirados en la vida y obra de Leonardo da Vinci.[1]
                  En la contratapa consta que el autor, Michael Gelb, “tiene una maestría en re-educación psicofísica, es maestro certificado de la Técnica Alexander para la integración de la mente y el cuerpo y devoto estudiante y maestro de Aikido. Fundador y presidente del Centro de Aprendizaje para el Alto Desempeño (High Peformance Learning Center), es consultor de múltiples empresas alrededor del mundo y su programas de entrenamiento son patrocinados por compañías como AT&T, DuPont, Merck y Xerox, entre otras”. Ya voy a indicar la razón de transcribir esas referencias del autor.



2. LA FORMACIÓN Y CAPACITACIÓN DE LOS EMPRESARIOS PRIVADOS EN LA ACTUALIDAD
                  El autor del libro relata que “En la primavera de 1994 fui invitado a Florencia a hablar ante una prestigiosa asociación de directivos de compañías, famosa por sus altísimos estándares de exigencia.” Y el presidente del grupo le preguntó:  “¿Podría preparar algo para nuestros miembros sobre cómo ser más creativo y equilibrado profesional y personalmente?... De inmediato le respondí con mi sueño: ¿Qué tal algo sobre cómo llegar a pensar como Leonardo da Vinci?” 
                  “Mis estudiantes ya habían pagado una suma significativa para asistir a esta 'universidad'de seis días, una de las diversas oportunidades que la sociedad les ofrece cada año a sus miembros  para reunirse en las grandes ciudades del mundo y explorar la historia, la cultura y los negocios, mientras trabajan en su desarrollo personal y profesional. Ante la oportunidad de escoger entre varios cursos simultáneos –el mío se llevaba a cabo al mismo tiempo que otros cinco, incluyendo uno a cargo del ex presidente de la Fiat, Giovanni Agnelli- se invitó a los miembros a calificar a los conferencistas en una escala de uno a diez y se les instó a salirse de las presentaciones que no les gustaran. En otras palabras, si uno no les gusta, ¡lo vuelven papilla y lo escupen!”
                  A cada conferencista deben pagarle muy bien, ya que el autor del libro confiesa que, para preparar su charla, además de “lecturas intensivas” viajó a la Galería Nacional de Washington, a un ciclo de conferencias en Nueva York,  al Museo Británico y a la Galería Nacional de Londres, al museo del Louvre de París, y “al castillo de Clox, cerca de Amboise donde Leonardo pasó sus últimos años. En la actualidad el castillo es un museo que exhibe réplicas sorprendentes de los inventos de Leonardo, fabricadas por los ingenieros de la IBM... Acto seguido visité Florencia, por supuesto, y allí, poco después dicté mi charla a los empresarios... La charla fue todo un éxito (nadie se salió) y dio origen al libro...”
                  Le invito al lector a fijarse en la palabra “mientras” del segundo párrafo del subtítulo 2. Esa palabra implica que las actividades de conocimiento de la ciudad en la que se encuentran los empresarios, de su historia, su cultura y sus negocios, son como de turismo y recreación, como un receso turístico y nada más. Y, claro, si pueden escoger las charlas a las que desean asistir, parece claro que preferirán escuchar al exitosísimo ex presidente de la Fiat que, por ejemplo, a un historiador que les va a relatar cómo Florencia se convirtió en la ciudad más importante del mundo del momento en las artes, la ciencia y la cultura en general; la chispa que encendió la luz apagada durante mil años y lanzó la humanidad al conocimiento.
                  El autor del libro les dicta una charla –con la mejor de las intenciones- orientada a sugerirles la manera de entrenar su mente para pensar como Leonardo da Vinci, pero en el texto se encuentra que dicho adiestramiento es de tal riqueza y complejidad que poner en práctica las técnicas requeridas para alcanzar aquel objetivo tomaría toda una vida; nada más conocer cuáles son aquellas técnicas toma más de una semana de lectura intensa, con muchos ejercicios y tareas. Lo que siembra la duda del aprovechamiento que habrán logrado los asistentes en un hora de charla.
                  Una demostración de, no solamente la inutilidad, sino tal vez la perversidad de este tipo de entrenamientos es que, como aparece en la contratapa del libro, entre las empresas que patrocinan y financian aquellas actividades están las siguientes: AT&T que financió el derrocamiento de Salvador Allende en Chile, lo que provocó un genocidio; DuPont una de las empresas más funestas para el planeta, peor aún desde que adquirió Monsanto, la empresa depredadora del ambiente por antonomasia; y Merck, miembro del cártel de la industrias farmacéuticas, corruptoras de médicos, reproductoras de enfermos y ocultadoras de productos que curen las enfermedades.
                  Parece quedar claro que la formación y capacitación de los empresarios privados en la actualidad –y de los más altos empresarios, puesto que el autor del libro no relata un seminario común y frecuente sino un evento de altísima categoría y costo- tiene un objetivo que se concreta en “el desarrollo personal y profesional”, o sea elevar la eficiencia, la cual en el modo de producción capitalista está claramente definida como lograr los máximos beneficios económicos en el menor tiempo, con el menor costo y sin detenerse a pensar en las consecuencias a largo plazo. Aquello, en frases más explícitas, significa reproducir el capital invertido lo más rápidamente posible. Por ello el conocimiento de la historia se reduce a un paseo turístico, porque al profundizar en ella se corre el peligro de vislumbrar la esencia de los fenómenos y la consecuencia de los actos, es decir, mirar a largo plazo; lo cual no interesa sino que más bien estorba a la acumulación rápida del capital.
                  El crecimiento exponencial de la acumulación rápida del capital en pocas manos se realiza al cumplir un objetivo: no producir bienes de consumo demandados para satisfacer las necesidades objetivas de la población –o sea necesidades vitales-, sino producir mercancías, esto es, bienes orientados a satisfacer “necesidades” subjetivas, o sea creadas por la publicidad. Para ello, la eficiencia de esta última actividad se mide en su capacidad para crear esas “necesidades” en la mente de la gente, inocularla con imágenes y frases que le convenzan de que realmente necesita aquellos objetos.[2]
                  Pero la realidad actual es más grave gracias al desarrollo de la tecnología de producción en masa y en corto tiempo, lo que ha permitido a los empresarios fabricar objetos con su obsolescencia programada desde fábrica; y a la publicidad la obligación de inocular a la población mundial la idea de que debe asumir la obsolescencia de los productos que ha comprado aún cuando estos se encuentren en perfecto estado de funcionamiento.
                  Estos dos últimos comportamientos del sistema requieren una altísima e insostenible explotación de los recursos naturales y consumo de energía, por lo cual el objetivo de acumulación de capital se ha constituido en uno de los factores que ha conducido ya a un proceso de retroalimentación positiva[3]de la destrucción de las condiciones de vida en el planeta Tierra.
                  Todo lo anterior obliga a pensar en otros contenidos en la formación y capacitación de los empleados privados.

3. LA FORMACIÓN Y CAPACITACIÓN DE LOS EMPRESARIOS PRIVADOS PARA UN MUNDO MEJOR (en caso de que estemos a tiempo).
       Entre los contenidos de la formación de los empresarios privados para un mundo mejor deberían estar los siguientes:
- La historia de la generación del excedente de producción y de su apropiación, desde la época en que los cazadores-recolectores se convirtieron en agricultores-ganaderos hace más de diez mil años.
- La historia que demuestra que no ha habido nunca una acumulación de fortuna sin expolio.
- La historia de la formación de la ciudad que están visitando (o en la que viven) y el papel que cumplió en su grandeza la inteligencia aplicada al arte, la arquitectura, la ingeniería, la artesanía, la ciencia, la cultura, la empresa privada, etc., y cómo es cierto que ninguna habría tenido posibilidades de existir y, peor, prosperar, sin todas  y cada una de las demás. Este tema es necesario para entrenar la mente a mirar la realidad como sistema.
- Cómo se forman los precios de las mercancías a partir del capital constante y del capital variable invertidos.
- Qué es y cómo se crea la plusvalía. Quién se la apropia y a quién se la escamotea.
- Cuál debe ser el salario mínimo de los trabajadores para que satisfagan todas sus necesidades objetivas de supervivencia y reproducción material y mental, según la región y país determinado del que se trate.
- Cómo lograr que la automatización de la producción se aplique sin echar centenares de millones de trabajadores al desempleo y, por ende, a la miseria. 
- El efecto de deterioro de la capacidad de conocimiento, discriminación y crítica que produce en la población mundial la publicidad empresarial; sus consecuencias en la alienación del concepto de calidad de vida, la exacerbación de la banalidad, egoísmo y agresividad, amén de la desaparición de la solidaridad, el altruismo y la reciprocidad.
- Cuáles son las consecuencias económicas, políticas, intelectuales y ambientales en el corto y, fundamentalmente, en el largo plazo, causadas la obsolescencia programada y por la obsolescencia asumida de las mercancías.
- Cuáles son las consecuencias para las condiciones de vida en el planeta a corto y, fundamentalmente, a largo plazo, del crecimiento exponencial del capital y su acumulación en pocas manos.
       
       Una vez desarrollados y concientizados estos temas, entonces sí, pasar a las actividades complementarias, tales como creatividad, iniciativa, “equilibrio personal y profesional”, “ser proactivos”, trabajo en equipo, “benchmarking”, “coaching”[4], etc.
LMG. 2019-09-03



[1]Autor Michael J. Gelb. Grupo Editorial norma, Colombia, 1999.
[2]Este problema fue analizado con detalle en el artículo IR DE COMPRAS, de mi autoría, con fecha 13 de mayo del 2018.
[3]Se denomina retroalimentación positiva a un ciclo de efectos que se reproducen a sí mismos para, en un efecto de “bola de nieve”, multiplicar exponencial e irreversiblemente la degradación de las condiciones de vida en el planeta. Y este fenómeno está cuantificado: cuando en la atmósfera existan 400 ppm (partes por millón en volumen) de dióxido de carbono CO2 habremos pasado el umbral de retorno y la degradación será irreversible. Y ese umbral ¡ya lo hemos pasado!
[4]A algunos capacitadores les encanta utilizar términos en idioma extraño para presumir de modernos y de “estar de moda”.

martes, 13 de agosto de 2019

ABSUÉLVAME, PADRE, PORQUE HE PECADO

ABSUÉLVAME, PADRE, PORQUE HE PECADO
Leonardo Miño Garcés
Sí, absuélvame, “padre” porque, según los dogmas de su Iglesia, he pecado, pero le advierto que volveré a hacerlo.
     Debo confesar que no puedo “poner la otra mejilla” porque realmente considero a ese un acto de injusticia. Y, además, no puedo confesarme porque ese “sacramento”  que instituyó el Papa Inocencio III en el año 1194 copiándoselo a los Cátaros -a los que, luego, siguiendo el consejo de “santo” Domingo de Guzmán, ordenó exterminar- tiene sus inconvenientes, sus “bemoles”. Hace algunos años, y luego de más sin confesarme, atendiendo a ruegos insistentes de mi hija fui a hacerlo ante el capellán del Opus Dei. Luego de más de dos horas de diálogo o discusión en la que él quería demostrar sus afirmaciones utilizando versículos del Nuevo Testamento, y yo demostraba que estaba equivocado utilizando los mismos y otros versículos del mismo libro, el capellán terminó agotado y me despachó con esta frase: “tienes toda la razón, pero te condenarás”. O sea que su dios “omnisciente” no atendía a razones, odiaba la lógica y, a petición del capellán de marras, ya había ordenado que se me reserve en el infierno una paila a una temperatura directamente proporcional con mi razón.
      Desde que “san” Jerónimo en el año 405 tradujo la Bilblia desde el hebreo y el griego al latín y su obra, llamada “la Vulgata”, fue declarada única, auténtica y oficial de la Iglesia Católica, esta fue introduciendo frases a través de los siglos atribuyéndoselas fraudulentamente a Jesucristo. Un examen detenido y minucioso de la vida de Jesucristo permite revelar que esas frases y hechos es imposible que fuesen de Jesús. Una de ellas es que todo agravio y delito por grave que fuese debe ser perdonado “poniendo la otra mejilla”, sin reclamar una satisfacción ni castigar previamente al delincuente. Lo cual no es una virtud sino una injusticia que deja a los delincuentes en la impunidad.
     Aquello, entre otras razones, ha permitido que los crímenes más horrendos y perversos, tanto de los mismos Papas y de sus cardenales, obispos y curas, así como de sus aliados, los gobernantes de todos los países del mundo a través de la historia, hayan sido perdonados sin previa satisfacción ni castigo. Y que todos hayan escapado a disfrutar de fortunas mal habidas o incluso hayan sido declarados “santos” o “héroes”.
      No puedo olvidar un acontecimiento ocurrido en el Ecuador hace pocos años. Un alto funcionario del régimen, repudiado por la población por arbitrario, delincuente y prepotente, insultó al Arzobispo de Guayaquil por condenar a su gobierno corrupto, pero el Presidente de la Conferencia Episcopal, temeroso de perder las sonrisas del dictador, declaró que “no había pasado nada” y que el sujeto de marras “era un buen católico, de misa frecuente”.
          Todo lo anterior pone en contexto lo que voy a relatar a continuación.
     Desde la más remota antigüedad la historia ha demostrado que el mal llamado “Aparato de Justicia” de cada imperio o país es una gran mentira, que sólo sirve para castigar a los rateritos de gallinas y absolver y premiar a los grandes canallas. Ante esa realidad, a la gente no le queda más recurso de castigo -aunque no de obtener la satisfacción debida por los robos y crímenes- que la práctica de la vindicta pública, es decir poner un sambenito al delincuente y apartarlo de la sociedad de bien, una suerte de ostracismo tácito, una exclusión moral de la sociedad. Pero, de manera asombrosa y repudiable, esto tampoco ocurre, la gente pronto olvida los agravios y recibe en su seno a los canallas, llenos de honores y libres de disfrutar impunemente de “sus” fortunas. Sea por pura abulia, estupidez, o porque “hay que poner la otra mejilla y olvidar los agravios”.
      De manera que si el Aparato de Justicia es un fraude y la sociedad perdona los atropellos y crímenes, pues ahí está la razón de la situación de miseria y liquidación de la sociedad en su conjunto. Pero luego los ciudadanos indulgentes andan quejándose y llorando como magdalenas. No hay que quejarse, llorar ni hacer escándalo sino, como escribió Juan Montalvo, COMPRENDER y asumir las culpas por la acción u omisión de cada uno.
      Pero, afortunadamente, hay unos pocos ciudadanos que no pueden perdonar, poner la otra mejilla ni mirar para otro lado, simplemente no pueden hacerlo porque para ello tendrían que negarse a sí mismos y desaparecer.
      Un amigo me comentaba, descorazonado, que tenía un conflicto mental (una disonancia cognitiva) porque sus ex compañeros de Colegio a los que no había visto desde hace 53 años se reunían una vez al mes para un almuerzo de camaradería pero, me decía, “¿Cómo voy a saludar a algunos de ellos, sonreírles, abrazarles y compartir la mesa, si uno es un traficante de drogas, más de uno es (o fue) defraudador de los dineros públicos; otro ha hecho una tremenda fortuna asesorando a políticos ladrones y corruptos por toda América para que engañen a sus votantes, arruinen a sus países y luego queden perdonados; las trampas e indecencias de otros han afectado a toda la sociedad. Claro que algunos son decentes y me gustaría abrazarlos y departir con ellos, pero, y qué hago con aquellos bellacos? Mejor me abstengo de asistir. No puedo hacerlo, no depende de mí”. He ahí a un ser humano honesto a carta cabal, que no puede ni siquiera ver a los bellacos, ni tapándose las narices. Había salido vencedor de su disonancia cognitiva. Bien por él.
      Otro ejemplo de la impunidad que comento es el caso de un sujeto que fue el jefe de los pesquisas del anterior gobierno, encargado de dirigir las persecuciones, secuestros y asesinatos de los opositores políticos del dictador. El Lavrenti Beria ecuatoriano. Ahora se pasea orgulloso por las calles, se pavonea de haber tenido un cargo tan alto, y sus amigos de universidad le festejan las bromas y departen amigablemente con él. “No guardan rencores”. “Ponen la otra mejilla”. Claro, si los perseguidos y asesinados no fueron ellos, sino el hijo del vecino, de manera que “si no vienen a llevarme a mi, no me importa”.
     Se quejan amargamente de los actos de corrupción, no se cansan de denunciarlos todos los días a viva voz y por las redes sociales, detestan el delito pero aman a los delincuentes, les abrazan, comen y beben con ellos; se toman fotografías abrazados a ellos, no con una sonrisa de oreja a oreja, sino con una que les da dos vueltas a la cabeza. Gazmoñería pura.
      Escuchemos una conversación típica en casa de un ciudadano “indulgente” luego de una de estas reuniones: “¡Ni sabes hijita, vengo de un almuerzo con el Fulanito, palo grueso del anterior gobierno, y de este también, si es puro cuento que están peleados. Está jovencito y guapísimo, y se acuerda clarito de nosotros, te mandó saludos, dice que siempre eras muy guapa. Verás no más que un día de estos me cae un contratito. Linda reunión, estuvimos toditos los amigos, tremendos cachos se contó el Fulanito, siempre fue simpatiquísimo y tiene una suerte, es como el gato, siempre cae parado”.
      ¿Cuál es la explicación? ¿Ponen la otra mejilla o son unos sinvergüenzas de solemnidad?
      Pues yo no puedo, tendría que negarme a mí mismo y desaparecer. Así que, absuélvame “padre” porque, según los dogmas de su Iglesia he pecado, pero le advierto que volveré a hacerlo.
LMG. 2019-08-11

lunes, 17 de junio de 2019

LA GAZMOÑERÍA

LA GAZMOÑERÍA
Actitud de quien finge devoción o escrúpulos

En estos días se ha organizado y desatado un tremendo escándalo con ocasión de que la Corte Constitucional del Ecuador ha dado paso al matrimonio igualitario. Han puesto el grito en el cielo y anunciado el Apocalipsis desde la Conferencia Episcopal, “pastores de almas” de diversas confesiones, abogados y abogadas, hasta políticos fracasados en busca de la clientela que no tuvieron en las campañas electorales; sin faltar, obviamente los mensajes, dibujos y caricaturas superficiales, cursis, grotescos y groseros enviados por WhatsApp.
            Voy a intentar analizar con objetividad el problema.
1. LA HOMOSEXUALIDAD.
            La atracción sentimental y sexual entre individuos del mismo sexo ha sido un fenómeno tan o más antiguo que la historia escrita de la humanidad, y la han sentido personajes de enorme protagonismo histórico, como lo voy a citar más adelante. La longevidad y ubicuidad del fenómeno ha dado lugar a las más múltiples y diversas interpretaciones, actitudes y sanciones, entre ellas el ocultamiento y práctica clandestina, la sanción de la sociedad con la vergüenza para los que sienten aquella atracción y la expedición de leyes represivas, el castigo como un pecado y con la sanción inapelable del fuego eterno; luego la tolerancia, y finalmente –gracias a la investigación científica- la aceptación como un fenómeno natural.
            Concedamos la palabra a la ciencia. Por la importancia del tema voy a transcribir de manera extensa los descubrimientos científicos al respecto. La primera cita textual es tomada del libro de un historiador, y la segunda de un biólogo actualmente reconocido como una autoridad en su especialidad científica.

Muchos griegos modernos piensan también que una parte integral de ser hombre es sentirse atraído sexualmente sólo hacia las mujeres, o tener relaciones sexuales exclusivamente con el sexo opuesto. No consideran que esto sea un prejuicio cultural, sino una realidad biológica: las relaciones entre dos personas de sexos opuestos son naturales, y entre dos personas del mismo sexo, antinaturales. Pero, en realidad, a la madre Naturaleza no le importa si los hombres se sienten sexual y mutuamente atraídos. Únicamente son las madres humanas inmersas en determinadas culturas las que montan una escena si su hijo tiene una aventura con el chico de la casa de al lado. Los berrinches de la madre no son un imperativo biológico. Un número significativo de culturas humanas ha considerado que las relaciones homosexuales no solo son legítimas, sino incluso socialmente constructivas, siendo la Grecia clásica el ejemplo más notable. La Ilíada no menciona que Tetis tuviera ninguna objeción a las relaciones de su hijo Aquiles  con Patroclo. A la reina Olimpia de Macedonia, una de las mujeres más temperamentales y enérgicas del mundo antiguo, hasta el punto de mandar asesinar a su propio marido, el rey Filipo, no le dio ningún ataque cuando su hijo, Alejandro Magno, llevó a casa a cenar a su amante, Hefestión.
       ¿Cómo podemos distinguir lo que está determinado biológicamente de lo que la gente intenta simplemente justificar mediante mitos biológicos? Una buena regla empírica es: “La biología lo permite, la cultura lo prohíbe”. La biología tolera un espectro muy amplio de posibilidades. Sin embargo, la cultura obliga a la gente a realizar algunas posibilidades al tiempo que prohíbe otras. La biología permite a las mujeres tener hijos, mientras que algunas culturas obligan a las mujeres a realizar esta posibilidad. La biología permite a los hombres que gocen del sexo entre sí, mientras que algunas culturas les prohíben realizar esta posibilidad.
       La cultura tiende a aducir que sólo prohíbe lo que es antinatural. Pero, desde una perspectiva biológica, nada es antinatural. Todo lo que es posible es, por definición, también natural. Un comportamiento verdaderamente antinatural, que vaya contra las leyes de la naturaleza, simplemente no puede existir, de modo que no necesitaría prohibición. Ninguna cultura se ha preocupado nunca de prohibir que los hombres fotosinteticen, que las mujeres corran más de prisa que la velocidad de la luz o que los electrones, que tienen carga negativa, se atraigan mutuamente.
       En realidad, nuestros conceptos “natural” y “antinatural” no se han tomado de la biología, sino de la teología cristiana. El significado teológico de “natural” es “de acuerdo con las intenciones del Dios que creó  la naturaleza”. Los teólogos cristianos argumentaban que Dios creó el cuerpo humano con el propósito de que cada miembro y órgano sirvieran a un fin particular. Si utilizamos nuestros miembros  y órganos para el fin que Dios pretendía, entonces es una actividad natural. Si los usamos de manera diferente a lo que Dios pretendía, es antinatural. Sin embargo, la evolución no tiene propósito. Los órganos no han evolucionado con una finalidad, y la manera como son usados está en constante cambio. No hay un solo órgano en el cuerpo humano que realice únicamente la tarea que realizaba su prototipo cuando apareció por primera vez hace cientos de millones de años. Los órganos evolucionan para ejecutar una acción concreta, pero una vez que existen, pueden adaptarse asimismo para otros usos. La boca, por ejemplo, apareció porque los primitivos organismos pluricelulares necesitaban una manera de incorporar nutrientes a su cuerpo. Todavía usamos la boca con este propósito, pero también la empleamos para besar, hablar y, si somos Rambo, para extraer la anilla de las granadas de mano. ¿Acaso alguno de estos usos es antinatural simplemente porque nuestros antepasados vermiformes de hace 600 millones de años no hacían estas cosas con la boca?
       ... El mismo tipo de multitarea es aplicable a nuestros órganos y comportamientos sexuales. El sexo evolucionó primero para la procreación, y los rituales de cortejo como una manera de calibrar la adecuación de una pareja potencial. Sin embargo, en la actualidad muchos animales usan ambas cosas para una multitud de fines sociales que poco tienen que ver con crear pequeñas copias de sí mismos. Los chimpancés, por ejemplo, utilizan el sexo para afianzar alianzas políticas, establecer intimidad y desarmar tensiones. ¿Acaso esto es antinatural?
SEXO Y GÉNERO
       Así pues, tiene poco sentido decir que la función natural de las mujeres es parir, o que la homosexualidad es antinatural. La mayoría de las leyes, normas, derechos y obligaciones que definen la masculinidad o la feminidad reflejan más la imaginación humana que la realidad biológica... (SAPIENS. DE ANIMALES A DIOSES. Yuval Noah Harari. Págs. 167-170)

                  Creo que cabe enfatizar específicamente en tres frases:
-        “... en realidad, a la madre Naturaleza no le importa si los hombres se sienten sexual y mutuamente atraídos...”
-        “...Un comportamiento verdaderamente antinatural, que vaya contra las leyes de la naturaleza, simplemente no puede existir, de modo que no necesitaría prohibición...”
-        “...tiene poco sentido decir que la función natural de las mujeres es parir, o que la homosexualidad es antinatural. La mayoría de las leyes, normas, derechos y obligaciones que definen la masculinidad o la feminidad reflejan más la imaginación humana que la realidad biológica...”
            A continuación, las opiniones basadas en la biología:

La comprensión naturalista de la moralidad no lleva a preceptos absolutos y juicios seguros, sino que en cambio advierte en contra de basarlos ciegamente en dogmas religiosos e ideológicos. Cuando dichos preceptos se descarrían, que suele ser a menudo, por lo general se debe a que se basan en la ignorancia. Algún o algunos factores importantes se omitieron involuntariamente durante la formulación.
       Consideremos, por ejemplo la prohibición papal de la contracepción artificial. La decisión la tomó (con buenas intenciones)  una persona, Pablo VI, en su encíclica de 1968 Humanae vitae. La razón que dio parece en principio totalmente razonable. Dios, postulaba, pretende que las relaciones sexuales se limiten al propósito de concebir niños. Pero la lógica de la Humanae vitae es errónea. Deja fuera un hecho fundamental. Abundantes pruebas procedentes de la psicología y de la biología reproductiva, gran parte de ellas obtenidas desde la década de 1960, han revelado que las relaciones sexuales tienen otro propósito adicional. Las hembras humanas tienen los genitales externos ocultos y así no anuncian el estro, con lo que difieren de otras especies de primates. Tanto hombres como mujeres, cuando están unidos, insisten en las relaciones sexuales continuas y frecuentes. La práctica es adaptativa desde el punto de vista genético: asegura que la mujer y su hijo  tengan la ayuda del padre. Para la mujer, el compromiso que aseguran las relaciones sexuales placenteras es importante, incluso vital en muchas circunstancias. Los niños humanos, para adquirir un cerebro organizado y grande y una inteligencia elevada,  han de pasar por un período insólitamente largo de desamparo durante su desarrollo. La madre no puede contar con el mismo nivel de respaldo procedente de la comunidad, incluso en sociedades de cazadores-recolectores fuertemente cohesionadas, que el que obtiene de una pareja con la que está vinculada sexual y emocionalmente.
       Un segundo ejemplo de ética dogmática envilecida por falta de conocimiento es la homofobia. El razonamiento de base es en gran parte el mismo de la oposición a la contracepción artificial: el sexo que no está dirigido a la reproducción ha de ser una aberración y un pecado. Pero hay abundantes pruebas que indican lo contrario. La homosexualidad comprometida, de la que la preferencia aparece en la infancia, es heredable. Esto significa que el rasgo no siempre está fijado, pero parte de la mayor probabilidad de que una persona se desarrolle para devenir homosexual está prescrita por genes que difieren de los que conducen a la heterosexualidad. Además, se ha visto que la homosexualidad influida por la herencia existe en poblaciones de todo el mundo con demasiada frecuencia para ser debida únicamente a mutaciones. Los genetistas de poblaciones emplean una regla empírica para explicar la abundancia a este nivel: si un rasgo no puede deberse únicamente a mutaciones aleatorias, y aun así reduce o elimina la reproducción en los que lo presentan, entonces dicho rasgo ha de ser favorecido por la selección natural que opera sobre un objetivo de algún otro tipo. Por ejemplo, una dosis baja de genes que tienden a la homosexualidad puede conferir ventajas competitivas a un heterosexual practicante. O bien la homosexualidad puede conferir ventajas al grupo mediante talentos especiales, cualidades de personalidad insólitas y los papeles y profesiones especializados que genera. Existen abundantes pruebas de que tal es el caso, tanto en sociedades prealfabetizadas como en las modernas.
       Sea como sea, las sociedades se equivocan al censurar la sexualidad porque los gays tienen preferencias sexuales diferentes y se reproducen menos. Por el contrario, su presencia debiera valorarse por aquello que aportan de forma constructiva a la diversidad humana. Una sociedad que condena la homosexualidad se daña a sí misma.
       Hay un principio que aprender cuando se estudian los orígenes biológicos del comportamiento moral. Y es que fuera de los preceptos éticos más claros, como la condena de la esclavitud, el maltrato infantil y el genocidio, a los que todos estaremos de acuerdo en que hay que oponerse en todas partes y sin excepción, hay un amplio ámbito gris por el que es intrínsecamente difícil moverse. La declaración de preceptos y juicios éticos que se hace a partir de ellos requiere saber muy bien por qué nos preocupa el asunto, de una u otra manera, y ello incluye la historia biológica de las emociones implicadas. Esta investigación todavía no se ha hecho. En realidad, apenas se ha imaginado siquiera.
       Con un mayor conocimiento de nosotros mismos, ¿cómo nos sentiremos con respecto a la moralidad y al honor? No me cabe ninguna duda de que en muchos casos, quizá en la gran mayoría, los preceptos que hoy en día comparten la mayoría de las sociedades resistirán la prueba del realismo basado en la  biología. Otros, como la prohibición de la concepción artificial, la condena de la orientación homosexual y los matrimonios obligados de muchachas adolescentes, no la resistirán. Sea cual sea el resultado, parece claro que la filosofía ética se beneficiará de una reconstrucción de sus preceptos sobre la base tanto de la ciencia como de la cultura. Si esta mayor comprensión equivale al “relativismo moral” que con tanto fervor desprecian los doctrinalmente virtuosos, que así sea... (LA CONQUISTA SOCIAL DE LA TIERRA, Edward O. Wilson, Págs. 294-296)

            Al igual que en el caso anterior, creo que cabe enfatizar específicamente en las siguientes frases:
-        La necesidad de una “comprensión naturalista de la moralidad”
-        No basar la moralidad “ciegamente en dogmas religiosos e ideológicos”
-        La necesidad de un hogar estable y equilibrado debido a que “Los niños humanos, para adquirir un cerebro organizado y grande y una inteligencia elevada,  han de pasar por un período insólitamente largo de desamparo durante su desarrollo.”
-        La homofobia es una “ética dogmática envilecida por falta de conocimiento”
-        “...parte de la mayor probabilidad de que una persona se desarrolle para devenir homosexual está prescrita por genes que difieren de los que conducen a la heterosexualidad...” (Subrayado mío).
-        “...la homosexualidad puede conferir ventajas al grupo mediante talentos especiales, cualidades de personalidad insólitas y los papeles y profesiones especializados que genera. Existen abundantes pruebas de que tal es el caso, tanto en sociedades prealfabetizadas como en las modernas.”
-        “...las sociedades se equivocan al censurar la sexualidad porque los gays tienen preferencias sexuales diferentes y se reproducen menos. Por el contrario, su presencia debiera valorarse por aquello que aportan de forma constructiva a la diversidad humana. Una sociedad que condena la homosexualidad se daña a sí misma.” (Subrayado mío)
-       “...la prohibición de la concepción artificial, (y de la contracepción artificial), la condena de la orientación homosexual y los matrimonios obligados de muchachas adolescentes...” no resistirán las pruebas del realismo basado en la biología.
-        “...parece claro que la filosofía ética se beneficiará de una reconstrucción de sus preceptos sobre la base tanto de la ciencia como de la cultura...”
-       “Si esta mayor comprensión equivale al “relativismo moral” que con tanto fervor desprecian los doctrinalmente virtuosos, que así sea...” (Subrayado mío). Los “doctrinalmente virtuosos” son los gazmoños.

2. LAS INSTITUCIONES Y PERSONAS QUE ANUNCIAN EL FIN DEL MUNDO POR EL MATRIMONIO IGUALITARIO. ¿Quiénes son y, Por qué les preocupa el asunto?
            Personalmente me llama mucho la atención y me provoca repudio la actitud de jerarcas religiosos, curas párrocos o de garaje arrendado y “fieles” seguidores de los anteriores, que se “rasgan las vestiduras” ante la homosexualidad y la resolución de la Corte Constitucional. Anatemizan a la homosexualidad con varios calificativos, entre otros, el de “pecado nefando”, “repudiable inmoralidad”, “comportamiento anti-natural”, y otros, cada cual más terrorífico y falso que el anterior.
            Vamos a ver. ¿Por qué me llaman la atención y me provocan repudio esos comportamientos? Primero, referido a los jerarcas  religiosos, curas párrocos o de garaje arrendado, en estos mismos momentos y en todo el mundo son acusados de violaciones a sus mismos compañeros de seminario, y a niños y niñas atraídas a sus iglesias con engañosas ofertas de cursos de catecismo o coros parroquiales. Incluso los más altos jerarcas, cardenales, han sido condenados por cometer estos delitos. Con la demostración del cometimiento de, esos sí, delitos antinaturales y nefandos, ¿de dónde sacan “cara” y tiempo para condenar a los demás? Tienen una viga de tamaño kilométrico en sus ojos y se escandalizan por una brizna de polvo –además imaginada-  en el ojo de los demás.
            Pero el comportamiento y la opinión de estos personajes me preocupa menos puesto que todas las religiones y las iglesias ya tuvieron miles de años de oportunidad para cumplir con su obligación, han fracasado estruendosa y vergonzosamente en su supuesta misión de rectores y guías de la humanidad, están en franca retirada y próxima desaparición y su influencia en la sociedad es poco menos que nula. Jamás han influido en la sociedad más que para mover a la población ignorante y fanatizada a masacrar a los que piensan diferente. No puedo olvidar que el ex-Presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, ante una pregunta referida al comportamiento de un delincuente, alto funcionario del régimen anterior y hoy felizmente reducido a prisión, le santificaba con esta frases: “es un buen católico de misa frecuente”. ¿Acaso esa frase no pone en evidencia la gazmoñería del que la pronunció?
            Segundo, y más importante que los anteriores puesto que constituyen una enorme mayoría de la población y tienen un gran impacto en la sociedad, los “fieles” de aquellos, a los que se suman los que se auto proclaman laicos, agnósticos y ateos; y que, curiosamente, han olvidado sus diferencias, han cerrado filas contra la resolución, han roto lanzas contra los homosexuales y están dispuestos a volver a sumirlos en el oprobio social y la clandestinidad.
            Debemos “saber muy bien por qué nos preocupa el asunto”. ¿Cuál es la amenaza que, supuestamente, pende sobre la familia y la sociedad, y el peligro apocalíptico que anuncian si la resolución se institucionaliza finalmente?
            Sostienen que significaría el fin de la familia y, por ende, la destrucción de la sociedad. Es increíble el enorme poder que suponen y adjudican a los homosexuales: ¡Ellos lograrían lo que no lo ha conseguido la inclemente explotación laboral de padres, esposas e hijos por parte de las clases dominantes a lo largo de la historia, que lanza a las calles en busca de un mísero mendrugo de pan a todos los miembros de la familia, incluso a los niños apenas destetados, desde la madrugada hasta el ocaso! Tampoco lo ha logrado el consumismo criminal que obliga a prostituirse a niños, niñas y adolescentes para conseguir aquel mísero mendrugo de pan para llevar a casa.  ¿Acaso estas realidades no significan la destrucción de la familia? Viviendas insalubres, hacinadas y promiscuidad, a las que condena a la gran mayoría de la población mundial el desempleo y los salarios de miseria. La desestructuración de la familia se produce por esas y similares causas.
            Pretendiendo negar las realidades anteriores, los jerarcas religiosos y los seglares homofóbicos afirman que la familia y la sociedad quedarían destruidos, no por aquellas realidades milenarias, sino porque cuatro (o cuatrocientos) homosexuales contraigan matrimonio. ¡Eso es gazmoñería pura y dura!
            Y para colmo, ¿Acaso no es evidente que lo que realmente SÍ HA DESTRUIDO A LA FAMILIA Y, POR ENDE A LA SOCIEDAD es el multitudinario y vergonzoso fracaso de los sacrosantos matrimonios heterosexuales que se celebran ante el Registro Civil, luego son santificados por la Iglesia Católica Apostólica y Romana (o por cualquier otra), de inmediato son súper confirmados mediante pantagruélicas y etílicas celebraciones, a continuación por “románticas lunas de miel” y, al cabo de muy pocos años terminan en infidelidades, adulterios, agresiones físicas y verbales entre los ex-románticos esposos y culminan en divorcios, con el consiguiente abandono o destrucción de la vida de centenares de miles o millones de niños? ¡Venga! ¡Dejemos la gazmoñería! Que esos sacrosantos matrimonios heterosexuales, que “no son anti-naturales” y cumplen estrictamente (en su celebración) con las leyes de la “Santa Madre” Iglesia duran tanto o menos que un objeto fabricado en la China.
            ¿Cuál es el promedio de duración de un matrimonio de esa clase en el Ecuador y en el mundo? ¿Cuántos niños y adolescentes viven en familia con sus dos padres biológicos, y no con alguna prótesis ocasional y transitoria de padre o madre? Hace algunos años una chica de colegio cercana a mi familia me soltó de manera insólita y abrupta esta frase, refiriéndose a mi familia: “ustedes son raros, en todos los años que he pasado en mi escuela y colegio ninguno de mis compañeros vivía con su papá y mamá, todos o habían cambiado de mamá o de papa”. Y esta niña había sido alumna, primero de un colegio religioso y luego de uno privado.
            Esos niños abandonados, en los primeros años de la separación son usados como objetos arrojadizos o instrumentos de la discordia, abrumados de regalos inútiles y despojados de la guía disciplinar de los padres para demostrarles que “yo soy bueno, el otro es malo, no puede darte nada y se enoja porque no estudias”. Esos niños abandonados reúnen todas las condiciones y determinaciones para fracasar en la escuela, el colegio, la universidad y obviamente, en la vida. ¿Acaso no es esta la razón de la destrucción de la familia y, por ende, de la sociedad?
            Supuestamente Napoleón decía que “la educación de  un niño empieza veinte años antes de nacer”. ¿Qué calidad de educación y formación intelectual recibirá un niño que desde que tiene uso de razón el espectáculo que con más frecuencia ha presenciado es el de las disputas físicas y verbales entre sus padres? ¿Qué autoridad tendrán estos para guiarle o exigirle determinado comportamiento supuestamente correcto? Sólo serán palabras vacuas en las que su mismo padre o madre no creen y nunca practican. Conozco un caso en el que dos niños en toda su infancia con frecuencia se encerraban en su cuarto llorando a mares porque escuchaban las disputas, insultos y agresiones entre sus padres, tan graves que tenía que intervenir la policía y obligar al padre a abandonar la casa. Su madre buscó en drogas y barbitúricos el consuelo y... ¡ahora viven con ella! ¡porque eso es lo que dispone la ley! Esos dos niños, actualmente adolescentes, son un perfecto monumento a la abulia; sus estudios, su vida y su futuro les importa mucho menos que un bledo. A las puertas de ingresar o no a la universidad, su respuesta a cualquier pregunta, incluida la referente a lo que aspiran realizar en la vida es, invariablemente, encogerse de hombros y decir “me da igual”. ¿Qué educación y formación intelectual darán a sus hijos que, con seguridad engendrarán más pronto que tarde? ¡Por favor! Dejémonos de gazmoñerías, que ESTO SÍ ES DESTRUIR LA FAMILIA Y LA SOCIEDAD.
            El Ecuador ha sufrido en los doce últimos años por el resultado de esos matrimonios “sacrosantos y naturales, bendecidos por Dios y por su Iglesia” de personajes de las más altas esferas. Si el padre de un Presidente era traficante de drogas, y el padre del Vicepresidente violador de niños, ¿qué educación y formación intelectual podían transmitir a sus hijos? Obviamente no era de extrañar que esos dos niños, al alcanzar las máximas magistraturas tenían que destruir la familia y toda la sociedad ecuatoriana, y no tardaron en hacerlo.
            ¿Qué familias y qué sociedad formarán los colegiales y universitarios que desde las diez de la mañana del lunes hasta la madrugada del domingo abarrotan aceras, calles, bares, picanterías y chinganas de las ciudades del Ecuador para (en el mejor de los casos) alcoholizarse? Una buena cantidad de las mujeres quedarán embarazadas, abortarán clandestinamente o traerán al mundo a sus hijos condenados a la miseria desde antes de nacer. Otros contraerán matrimonios heterosexuales civiles y eclesiásticos “como Dios manda” y repetirán el fracaso de sus padres relatado anteriormente.
            ¿Acaso en todo el mundo, supuestamente desde la revolución neolítica, no existen los prostíbulos, a donde acuden (obviamente sin que se entere el cónyuge) los “santos maridos y esposas” insatisfechas o casquivanas a satisfacer sus bajos instintos o sus decepciones y frustraciones? La prostitución es una de las múltiples paradojas del sistema capitalista, que reprime, castiga y encarcela a las personas que ofertan el servicio mientras permanente y demencialmente estimula la demanda, utilizando para ello todos sus medios de comunicación masiva, los instrumentos de distracción y entretenimiento de sus niños y jóvenes e, incluso, ¡su sistema educativo!
            Todo lo relatado y demostrado, ¿tendrá menos poder de destrucción de la familia y de la sociedad que el matrimonio de cuatro (o cuatrocientos) homosexuales? Venga, por favor: ¡DEJÉMONOS DE GAZMOÑERÍA!
LMG/2019-06-17