jueves, 23 de mayo de 2024

MANIFIESTO PARA ELEVAR LA CALIDAD DE LA PROFESIÓN MÉDICA

MANIFIESTO PARA ELEVAR LA CALIDAD DE LA PROFESIÓN MÉDICA.

LA ATENCIÓN DE LA SALUD EN EL ECUADOR Y EN EL MUNDO ES PRECARIA, REPUDIABLE Y, EN ALGUNOS CASOS, HASTA CRIMINAL

Leonardo Miño Garcés[1]

 

ADVERTENCIA PREVIA:

El presente artículo, si bien fue motivado por experiencias personales, puesto que estas no interesan a nadie ni tienen trascendencia más que para la persona que las vive, obviamente no motivaron su escritura, sino la necesidad de investigar el contexto nacional e internacional para conocer si aquellas vivencias eran muy personales y coyunturales o formaban parte de una realidad trascendente.

            Infortunadamente verifiqué lo último, lo que me obligó a escribir el artículo.

            El objetivo de ninguna manera es destacar lo negativo sino llamar la atención de aquellos -actores y pacientes- que han alcanzado la suficiente madurez en su vida como para superar la actitud de simples seres vivientes y han asumido la responsabilidad de contribuir a mejorar la sociedad. Es un deber irrenunciable y de extrema responsabilidad conocer las deficiencias de la sociedad y de la naturaleza, verificarlas como reales y contribuir a superarlas; habida cuenta que hay mucho sufrimiento que se puede evitar. 

 

CONTENIDO:

Las dos primeras realidades enunciadas a continuación no son responsabilidad de los médicos sino de los gobiernos y de los administradores de los hospitales, pero los médicos deberían denunciarlas para no convertirse en cómplices.

  • El sistema de atención pública a la salud, tanto estatal como del IESS es altamente deficiente. Conseguir una cita, exámenes radiológicos y similares y una cama es un calvario terrorífico que toma meses. Acabo de enterarme que en México es igual: a un paciente diagnosticado con cáncer de esófago, ¡le prometen atenderlo dentro de seis meses! 
  • Una vez pasado el calvario de conseguir una cama, para ingresar al hospital hay que llevar las sábanas, cobijas y hasta el papel higiénico, incluso en los hospitales del IESS. Y hay que tener a un pariente o amigo durmiendo en la vereda del hospital, porque en cualquier momento le piden que corra a comprar las medicinas.

 

  • El primer contacto con el médico es la consulta oral o interrogatorio denominado ANAMNESIS. Debe ser una anamnesis directa al paciente e indirecta a los familiares, la cual casi nunca se realiza. El interrogatorio inicial concluye con un pedido de exámenes de laboratorio, eléctricos o electromagnéticos o acústicos. En la segunda consulta, ya con los resultados de los exámenes, los médicos miran superficialmente las imágenes y leen en vertical los resultados de aquellos, sin buscar la relación entre ellos. No estudian el PROCESO de evolución de la salud, sino solamente los datos del momento. No estudian una larga serie de datos en el tiempo ni hacen un estudio de tendencia con gráficos estadísticos (ni siquiera manejan el Excel) sino que “diagnostican” con un solo dato, sujeto a las circunstancias del momento en que fue obtenido. Por ejemplo, toman la presión arterial al momento de la consulta -que puede ser semestral- y, con ese dato, “diagnostican” hipertensión y obligan al paciente a engullir pastillas el resto de su vida, sin siquiera sospechar que aquel llegó al consultorio luego de una hora de viaje por las terroríficas calles y carreteras de Quito, presenció tres accidentes y casi tiene uno más, por lo cual su tensión está por hacer estallar el aparato.
  • No tienen la más mínima empatía con los pacientes ni, peor, SOLIDARIDAD. Los mecánicos automotrices tenían más empatía conmigo y con mi coche. Su interrogatorio, para elaborar la ficha médica, es peor que interrogatorio policial, preguntan sin ningún interés por las respuestas, anotan mecánicamente, no interrelacionan las respuestas y, finalmente, desconcertados y patidifusos ante el problema, envían al paciente a varios “especialistas” más (lo que demuestra que ignoran el enfoque Holístico: “el organismo constituye una totalidad integrada -es un sistema- no equivalente a la suma de sus partes”), con sus correspondientes aparatos electrónicos y, así, le tienen al pobre paciente “de Herodes a Pilatos” en angustiosa peregrinación y soltando billetes como loco manirroto.

            Además de que están limitados a un muy precario y fragmentado conocimiento de su propia especialidad, tienen un bajísimo o nulo conocimiento del SISTEMA organismo humano, del cual la mayoría no conoce ni su existencia.

                  Un médico, luego de confesar que apenas sabe algo, remitió al paciente a otro especialista, pero advirtiendo que luego de consultar a decenas de especialistas hay que ir cargando las toneladas de informes, radiografías, ecosonografías, resonancias magnéticas, etc., a un “internista”, porque ese es el que debe unir todo. En la producción científica no ocurren estos errores puesto que la especialización solamente es funcional y necesaria a la hora de la investigación, pero la práctica la ejerce el científico que conoce el sistema en su integralidad. Esto queda ratificado con la historia de Max Born, Premio Nobel de Física en 1954: “Born había seguido durante toda su vida un consejo que le dio su padre cuando joven: nunca te especialices.” El conocimiento fragmentario de la realidad es casi tan nocivo como su desconocimiento total.

 

“Si le pides a tu doctor que te haga estos análisis, no te sorprendas si te ignora con una sonrisa de sabelotodo o incluso con una mirada de desdén. Como dicen: Un experto es alguien que no quiere escuchar nada nuevo en su campo de especialidad”[2]

 

  • “Antes de intentar curar a un paciente

 hay que preguntarle si está dispuesto

 a cambiar los hábitos que le han llevado

 a la consulta”

HIPÓCRATES.

 

A pesar de haber realizado solemnemente el juramento hipocrático como requisito para recibir su título, los médicos jamás averiguan información fundamental para la salud, tal como los hábitos de vida; la costumbre de alimentación del paciente: qué come, a qué hora, en qué cantidad, en qué orden: carbohidratos, fibra, proteínas, grasas, almidones, etc. ¿Cuántos minutos de sol recibe al día? ¿Cuántos minutos de ejercicio practica al día? ¿Permanece sentado más de una hora en sus actividades diarias? ¿En dónde vive? (no sólo para enviarle la factura, sino para saber si es un sector con características ambientales insalubres), etc. La mayoría de enfermedades se producen por defectos en esos aspectos esenciales para la vida, pero los médicos jamás se preocupan por ellos. Una de las consecuencias es que incluso los especialistas en Diabetes ignoran que la Diabetes Tipo 2 -cuando no es provocada por los hábitos de la madre durante el embarazo- lo es por hábitos de vida nocivos y, por lo tanto, es reversible[3]; y se limitan a recetar inyecciones de insulina o pastillas de por vida.

     ¿Será porque no les interesa o no han sido entrenados para llegar a la causa de las enfermedades y consideran que su responsabilidad se reduce a conocer únicamente las consecuencias, los síntomas, y buscar la correspondencia entre estos y los fármacos de moda? Yo, un simple albañil de Chimbacalle estoy suscrito a tres revistas de investigación científica biológica. Los médicos ¿se actualizan diaria, mensual u ocasionalmente? Dios averigüe y el diablo castigue.

     La realidad investigada para la redacción de este artículo demuestra que los médicos deberían pasar cada cinco años por un examen para verificar la actualización de sus conocimientos.

     Una autoridad mundial en la investigación del Alzheimer escribe lo siguiente:

  

“...Una pareja me escribió un correo diciendo que le habían entregado una copia de mi libro a su médico, quien puso mala cara y dijo secamente: ¨Los doctores no tenemos tiempo para leer¨...”[4]

 

     Una persona que “no tiene tiempo para leer” es una rémora para la sociedad; pero un profesional de cuyo conocimiento depende la salud y la vida de miles de personas, si no tiene tiempo para leer es un cuasi asesino.

 

  • Ignoran que los antecedentes familiares son susceptibilidades o predisposiciones y no DETERMINANTES de una enfermedad. Si un familiar tuvo una enfermedad no significa que uno esté condenado a tenerla. Ni siquiera saben diferenciar entre susceptibilidad, predisposición, condicionante y determinante.

 

“Todos los seres humanos nacemos con variaciones genéticas -polimorfismos- que nos predisponen a enfermar, pero no nos condenan. En este sentido, la única variable de la ecuación sobre la que se puede actuar son los hábitos de vida, que determinarán el microambiente celular y, por ende, la expresión o silenciamiento de esos genes dañados.”[5]

 

  • Cobran cantidades exageradas por consulta y, si el paciente desea pagar con tarjeta de crédito, le suben hasta 50 dólares el precio de la consulta, así que hay que andar como “el hombre del maletín” con una mochila repleta de billetes.
  • Tienen pánico de ejercer una de la primeras y principales cualidades que nos define como seres humanos: el lenguaje, la comunicación, el diálogo. Tienen miedo de que la gente les pregunte algo. Lean esta barbaridad confesada por un médico de fama mundial:

 

“Cuando uno estudia medicina, los demás presuponen, injustamente, que es un experto en cualquier achaque, alguien a quien consultar gratis...” [6]

 

            ¿Le molestan las preguntas o que no le paguen por las respuestas?

Se queja por una situación obvia y universal: al Filósofo se le pregunta por cosas trascendentes, al Mecánico por los problemas del auto, al Arquitecto por los de la vivienda o de la construcción o de la ciudad, al Cura por los pecados, etc.

 

“Un día estaba tan harto de las interminables quejas de una pariente... (que la agredí). Funcionó de maravilla: jamás volvió a molestarme. Las preguntas. Sin embargo, no cesaron” (IbÍdem).

 

Pero, más adelante, el enojado médico reconoce que las preguntas de la gente le impulsaron a estudiar y hacerse famoso:

 

“No he conseguido eludir las preguntas de la sociedad, y por eso mi cerebro se ha visto constantemente estimulado a reflexionar sobre aspectos siempre distintos de nuestra mente, aunque estuviesen al margen de mi línea de investigación, y sobre cómo explicar las respuestas en términos que resultasen inteligibles al gran público...” OP.Cit. Pág. 35.

 

Es preocupante y repudiable verificar que este es un problema mundial. En efecto, en otro contexto cultural, social e ideológico -en el Pakistán-, encontramos la misma actitud de los médicos:

 

“Eran aproximadamente las cinco y media de la mañana cuando salieron los cirujanos. Entre otras cosas, le dijeron a mi padre que habían seccionado un trozo del cráneo y me lo habían puesto en el abdomen. En nuestra cultura los médicos no explican las cosas a los pacientes ni a los familiares, pero mi padre les dijo humildemente: Si no les importa, tengo una pregunta estúpida: ¿creen que vivirá?” [7](subrayado mío)

 

¡O sea que el pobre padre de la niña, muerto del miedo, apenas pudo reunir fuerzas para preguntar a los médicos si su hija viviría!

 

Aquí se relata otra barbaridad:




O sea que, los médicos se comportaron como autómatas, “diagnosticaron mecánicamente” al atender a la paciente; pensaron: “esta vieja está loca y dice tonterías, vamos a ponerla en la silla eléctrica”; y la hija y la nieta de la paciente pensaron (textualmente): “quiénes éramos nosotras para cuestionar a los doctores?... Nosotras no cuestionamos a los médicos”. El resultado: la paciente fue sometida a electrochoque, falleció y en la autopsia se demostró que los médicos procedieron de manera irresponsable. ¡Un crimen! [1]

 

Menos mal que un médico advierte a sus colegas la importancia del diálogo:

 

“Tener información certera te hace estimar el riesgo de manera correcta... es por esto que un profesional de la salud debe invertir tiempo en explicar a los pacientes todos los mecanismos de acción posibles para evitar los malos hábitos. De este modo se facilita que puedan tomar la decisión adecuada sobre el manejo de su salud.” (Guzmán García. Op.Cit. Pág 74)

 

                 Es tan grave el pánico que tienen los médicos a las preguntas y a la conversación que, incluso, cuando escuchan algún problema de salud tratan de pasar desapercibidos. En una ocasión una señora de 75 años relataba que había tenido un fuerte dolor en el pecho, como un ataque cardíaco, y su hija contó que le había urgido que tosa, que tosa con fuerza, lo que obviamente implicaba reclamar a los pulmones y al corazón que hagan mayor esfuerzo del que, obviamente, estaban ya incapacitados de realizar. Pues dos médicos presentes en la conversación, directores de una unidad de emergencia -los dos- en un hospital español, permanecieron en silencio ante el relato de una emergencia médica con riesgo de muerte, ¡no recomendaron lo que se debía hacer! ¡prefirieron mantenerse en el anonimato! ¿Será que si llegan a toparse con una persona que se desploma en la calle víctima de un ataque cardíaco, los médicos optan por escurrir el bulto y correr a esconderse tras un poste, mientras los transeúntes se desesperan tratando de ayudar?

                 A este respecto acude en defensa de los médicos la escritora Isabel Allende en su novela LARGO PÉTALO DE MAR, en la que un médico prisionero en un campo de concentración de la dictadura criminal de los militares chilenos salva la vida al jefe de sus torturadores al verle caer víctima de un ataque cardíaco y practicarle la reanimación.

                 Los médicos debería hacer conciencia en que una de la principales necesidades del paciente es ser escuchado, comprendido, animado y tranquilizado, no solamente recibir una receta del fármaco de mayor uso y la factura a pagar.

                 Esa actitud espantosa de tener pánico a la conversación con el paciente contrasta con aquella compartida sincera y honestamente por el Químico y Médico, Director del Proyecto Genoma Humano, Francis S. Collins, que confiesa que fue ateo o escéptico durante toda su vida previa a sus prácticas como estudiante de medicina, en las cuales la conversación con sus pacientes le hizo dudar de su ateísmo o escepticismo, al punto que tuvo la valentía de poner en cuestión sus convicciones, investigó profundamente científica y filosóficamente y se convirtió en cristiano.[2]

 

  • Están acostumbrados a que el paciente se limite humildemente -obviamente luego de pagar la factura- a decirles “Dios le pague doctorcito”, y no opine nada. Por ello, cuando se les coge en falta, sea en sus opiniones, diagnósticos o tratamientos, muy cómodamente, tratan de justificarse diciendo: “la Medicina no es una ciencia exacta”. Ante lo cual me he visto obligado a darles una lección: vea doctor, la Medicina no es ninguna ciencia, las únicas ciencias que -hasta el momento- ha construido el ser humano son la Física, la Química y la Biología. La Medicina no pasa de ser una técnica que -en el mejor de los casos- lo único que hace es utilizar los conocimientos producidos por esas ciencias o, generalmente, relacionar los síntomas con los fármacos que acaba de sugerirle el visitador a médicos (y que le proporciona ganancias adicionales mientras más los recete).

                  Entre las muchísimas demostraciones de que la Medicina no es una ciencia, les invito a leer la siguiente transcripción, advirtiéndoles que -si son muy susceptibles, sensibles y vulnerables- se abstengan de hacerlo:

 

“No hay contexto en el que seguir reglas sin sentido sea más dañino que cuando se trata de nuestra salud. Pensemos en el cáncer. Se envía una biopsia al laboratorio. Las células cancerosas no llegan con una etiqueta que diga ¨soy una célula cancerosa¨. Alguien debe examinar las células en el portaobjetos y decidir si son cancerosas o no. Hay algunas células para las que la patología es clara. Sin embargo, en situaciones ambiguas, un citólogo puede ver una célula como cancerosa, mientras que otro citólogo puede verla de manera diferente. Esta ambigüedad casi nunca se comunica, por lo que una persona puede llegar a la conclusión de que su diagnóstico es obvio, cuando en realidad depende en gran medida del juicio humano. En la práctica, esto significa que a alguien se le puede decir que tiene cáncer y a alguien con un conjunto prácticamente idéntico de criterios de diagnóstico se le puede decir que no tiene cáncer. El diagnóstico de cáncer desencadena una cascada de respuestas, algunas de las cuales pueden tener efectos negativos. Aunque no es algo que podamos saber con certeza, a menudo me ha preguntado cuántas muertes por cáncer son el resultado de pacientes que se dan por vencidos debido al compromiso cognitivo prematuro (mentalidad): ¨el cáncer es un asesino¨, más que como consecuencia necesaria de la enfermedad. De todos modos sabemos que los diagnósticos varían según los hospitales, los estados y los países. En unos casos, uno puede caer en una categoría más severa que en otros....

... El resultado de muchos diagnósticos de trastornos puede convertirse en profecías auto cumplidas. El diagnóstico crea la enfermedad...”[3]

            

            Primero, es importante saber que el libro del que he extraído la cita fue escrito apenas el año pasado, 2023, no fue escrito hace 250 años, cuando el diagnóstico de las enfermedades no se hacía como ahora, en laboratorios y con microscopios electrónicos, e incluso se dispone de refracción de rayos X con la cual se puede saber objetivamente incluso su composición atómica. La calificación de que un tumor es cancerígeno no se basa en el análisis molecular del tumor, sino simple y exclusivamente en su morfología: si parece una estrellita, mala suerte, si es redondito, felicitaciones.

            Ahora vengo a enterarme que el diagnóstico del cáncer es un asunto absolutamente subjetivo, depende del buen ojo del citólogo!!! ¡No puede ser!

            Así que cuando recibamos un diagnóstico, especialmente si es de una enfermedad terminal, lo primero que hay que hacer es preguntarnos: ¿Será? ¿Habrá dormido bien el citólogo? ¿No se habrá peleado con su esposa, hijos, vecinos y no habrá tenido ninguna trifulca en el viaje desde su casa al laboratorio? ¿Habrá pasado con óptimos indicadores el examen de la vista, máximo hace quince días? ¡No puede ser!

 

            Queda por demás demostrado que la Medicina dista muchísimo de ser una ciencia.

 

  • Desde hace años he leído demasiadas noticias y he escuchado denuncias concretas de médicos que han sido “premiados” con viajes alrededor del mundo, a congresos “científicos” o han recibido de regalo coches de gran marca por ser los que más recetan determinado producto farmacéutico. La industria farmacéutica soborna a estos fulanos para que atiborren a los pacientes con sus basuras. Incluso un “médico pediatra” ha presumido ante sus colegas que no hay nadie en el mundo que recete más que él, y que “se conoce todo el mundo con gastos pagados (y, como cantaba Piero: “con romance incluido”). ¡O sea que este canalla hizo fortuna usando a los niños como recipientes de basura!
  • Cuando se les pregunta la causa de una enfermedad, para eliminarla y curarse, dicen que “no hay una causa específica” y que “tome no más la medicina” para combatir los síntomas. No saben que ningún fenómeno, ni natural ni social tiene “una causa específica”, todos tienen una RED DE CAUSALIDAD muy compleja y cuyos componentes son muy diversos. De manera que solamente atacando y eliminando las causas se curan las enfermedades. Como no conocen las causas están limitados a atenuar o mitigar los síntomas, para lo que hay que esclavizarse de por vida a engullir pastillas, lo que es una causa de otras enfermedades.

                  El Profesor de Harvard Daniel Lieberman denomina “mismatch diseases” (enfermedades no compatibles), a aquellas producidas por nuestros modernos modos de vida indolentes y demasiado indulgentes,

 

“De hecho, como anota Lieberman, la atención médica en realidad está empeorando las cosas al tratar los síntomas de las ¨mismatch diseases¨ con tanta eficacia que, sin darnos cuenta, perpetuamos las causas”.[4]

 

  • Cuando un médico se equivoca y, en lugar de aliviar o curar, PROVOCA enfermedad y sufrimiento -esto se denomina IATROGENIA[5]-, los otros médicos, tanto los que participaron en el procedimiento como los que lo conocen, guardan silencio, se muerden la lengua, tal vez pensando “hoy por ti mañana por mí”, convirtiéndose en cómplices del hecho. Lo correcto, ético y decente es no defender al médico sino a la Profesión Médica, contribuir a corregir y paliar el SUFRIMIENTO PROVOCADO y evitar que vuelva a ocurrir castigando al médico ineficiente. El que no reconoce y hasta presume de sus errores los convierte en costumbre.

 

·      Y ahora es mi deber y responsabilidad denunciar una práctica perversa y criminal: las investigaciones biológicas han demostrado científicamente que los tratamientos hormonales pueden provocar cáncer; específicamente los tratamientos para combatir la infertilidad en las mujeres pueden producirles cáncer de mama. Basta que exista una mínima posibilidad de uno en mil millones de casos para que el tratamiento no deba realizarse. Pero la posibilidad es muchísimo más alta, así que las legislaciones de los países, los códigos médicos de conducta y la responsabilidad y moralidad mínima de los médicos individualmente deberían PROHIBIR DE MANERA TERMINANTE esos tratamientos.

                  La práctica de estos tratamientos viola el Juramento Hipocrático en los puntos en que proclama:

 

“No realizaré experimentos que entrañen sufrimiento, riesgo,o que sean innecesarios o atenten contra la dignidad humana”

“No daré a nadie, aunque me lo pida, ningún fármaco letal, ni haré semejante sugerencia...”

 

                  ¿Cuál es el argumento para practicar esos tratamientos? Que la paciente “desea fervientemente tener hijos”. Pero existe la posibilidad de que los tenga y los abandone en la orfandad si contrae cáncer de mama y muere por el. Basta esta posibilidad para disuadir y negar el tratamiento. Y, ¿cuáles son los argumentos en contra? Primero, existen millones de niños huérfanos tirados por el mundo, uno de ellos puede ser adoptado por la madre en cuestión; segundo, la población mundial ya excede las posibilidades del planeta para sustentar su vida. Así que el único argumento a favor del procedimiento, ¿sería que los médicos encargados o especializados en este tipo de tratamientos obtienen pingües ganancias por ellos?

 

·    Cuando ocurre una enfermedad terminal, los buenos médicos ya saben cuándo todo tratamiento o intervención no solamente es inútil sino que, peor, contribuye a agudizar los sufrimientos del paciente[6], en algunos casos por años, lo cual es una perversidad. Pero lo que ocurre siempre es que los médicos, creyendo que disminuyen el sufrimiento, ofrecen esperanzas falsas, como la frase “todos los días se están descubriendo nuevos fármacos y tratamientos, hay que tener esperanza”, etc. Y, de esta manera, tienen al paciente y a toda su familia en un sufrimiento espantoso, además de obligarlos a buscar dinero endeudándose o suplicando caridad para comprar las medicinas y pagar por los tratamientos inútiles. O sea que, a sabiendas y con plena conciencia, los médicos están engañando a los pacientes y prolongando su calvario, lo cual es una de las peores maldades y perversidades que pueden cometerse.

            Lo correcto -e incluso misericordioso- es decir la pura verdad descarnada y ofrecer una pastilla o cápsula que termine el sufrimiento en pocos minutos y sin que el paciente sienta nada. Ya existen estas pastillas, si quieren les puedo dar algunos nombres. Y la sociedad debería poner esas pastillas al alcance de los pacientes que se encuentran en esta situación. Pero sociedad, Estado, iglesias y médicos adolecen de un terrible defecto: son gazmoños.

            En estos días, en el Ecuador, una señora de edad que padece la terrible enfermedad ELA, en estado terminal, ha “elevado” una petición a la Corte Constitucional para que le “den permiso” de someterse a la eutanasia y acabar con su sufrimiento. Ya lleva esperando meses y los jueces tienen a la pobre señora sufriendo lo indecible porque “están pensando qué será de hacer”. ¡Pura perversidad provocada por la gazmoñería!

            Si bien es cierto que, infortunadamente, los seres humanos no estamos capacitados para dar o negar el permiso para venir a este espantoso mundo, sí lo estamos para no necesitar la venia de nadie para marcharnos de él; en el momento en que nos hartemos y se nos acabe la paciencia podemos irnos, con enfermedad o sin ella. No necesitamos permiso de nadie, y peor del Estado o de las iglesias. “Vida: no te debo nada; Estado y humanos en general: no les debo nada; Adiós”. Y ni siquiera necesito pedir que -como los jóvenes franceses de mayo de 1968: “paren el mundo que me quiero bajar”, no, yo me tiro al vuelo.

 

·    En las facultades de Medicina hay una cátedra de Bioética, lo que aquí relato demuestra que no sirve para nada, y confirma que la Ética se va constituyendo en parte de la esencia del ser humano en el vientre materno y durante los dos primeros años de vida, la “teoría de los mil días”. Después de ese período ni asistiendo a clases ni con receta de médico puede adquirirse. 

            

·    No faltará un Perogrullo que al leer esta nota diga, escandalizado: “¡pero no todos son así”! Por supuesto que no, pues, yo mismo he tenido la enorme suerte de conocer algunos MÉDICOS EXCELENTES, RESPONSABLES, DIGNOS Y DECENTES. Pero son la excepción. La mayoría son “curas de cuerpo” con sotana blanca, ahora que ya no hay los “curas de almas” con sotana negra.

            Varias veces ponderé, elogié y puse de ejemplo de dignidad humana a los médicos que se comportaron como héroes en el año 2020 durante la pandemia provocada por el virus chino (COVID-19), pero también lamenté y critiqué que se impidiera la entrada a los hospitales a los pacientes de la tercera edad, y se los dejara morir en la calle.[7]

            Han existido médicos de enorme valía, verdaderos héroes, como los siguientes: el parasitólogo británico Theodor Bilharz (1825-62), llamado el Padre de la Medicina Tropical, “Deseando comprender mejor la horrible enfermedad esquistosomiasis se vendó las pupas de los gusanos a su estómago y fue tomando notas en los días siguientes mientras ellos excavaban a través de su piel para invadir su hígado. Sobrevivió a la experiencia pero murió poco después, a la edad de 37, mientras trataba de ayudar a detener la epidemia de tifus en El Cairo. De manera similar, Howard Taylor Ricketts (1871-1910) el descubridor americano del grupo bacterial rickettsia, fue a México para estudiar el tifus pero contrajo él mismo la enfermedad y murió. Su compañero americano Jesse Lazear (1866-1900) fue a Cuba en 1900 para tratar de demostrar que la fiebre amarilla se extendía por la acción de un mosquito, se contagió -probablemente al infectarse él mismo intencionalmente- y murió. Stanislaus von Prowazek (1895-1915), de Bohemia, viajó a través del mundo estudiando las enfermedades infecciosas, y encontró el agente detrás del trachoma, antes de sucumbir al virus él mismo en 1915 mientras combatía un brote en una prisión alemana... There ought to be a monument to them somewhere...” [8]

 

·  Las empresas de seguros médicos fijan arbitrariamente los valores de los pagos mensuales. A una persona de 75 años le ofrecen asegurarle en caso de embarazo, sala de partos, pañales para el bebé, etc., y cuando el pobre anciano les afirma y jura sobre 25 biblias que no planea embarazarse, le dicen que son “cuadros elaborados por la Matriz del exterior y que no pueden ser alterados”. Me ha ocurrido eso con TRES empresas de seguros médicos.

 

            Las múltiples referencias contenidas en este artículo demuestran que el mal que es urgente eliminar no es exclusivo del Ecuador sino mundial. 

            Mientras aquello no ocurra, sigue siendo válido el consejo emitido por Leonardo da Vinci en el siglo XVI: “Come bien, duerme bien y mantente alejado de los médicos”; al que yo añado las siguientes RECOMENDACIONES PARA CONSERVAR Y MEJORAR LA SALUD:

-       Eliminar completa y definitivamente el consumo de azúcar;

-       Disminuir drásticamente el consumo de café, consumir máximo una cucharada al ras en el desayuno y otra  a las 18:00;

-       Tomar baños de sol directamente en la piel por lo menos quince minutos cada día, mejor en las primera horas de la mañana y en las últimas de la tarde, y sin protectores solares (si quieren les cuento los componentes cancerígenos que contienen) ni gafas; es falso que el sol produce cáncer. Y, como queda demostrado en la página 7 de este artículo, el diagnóstico del cáncer de cualquier tipo es un asunto absolutamente aleatorio y subjetivo, nada técnico ni, peor, científico, depende de la vista del citólogo, y de los protocolos de cada hospital, estado o país.

-       Hacer ejercicios de estiramiento y de fuerza religiosamente cada día;

-       No permanecer sentado más de media hora, caminar mínimo dos minutos cada media hora de permanecer sentado;

-       Después de desayunar, almorzar y cenar, caminar quince minutos;

-       Beber agua hervida y filtrada, no directamente de la llave;

-       Si es posible, comer solamente dos veces al día (bueno, ya, tres) y nada de andar picando a cada rato;

-       Cenar por lo menos tres horas antes de acostarse a dormir;

-       Si no se puede evitar ver las pantallas del teléfono celular, tablet, computadora y televisión, hacerlo máximo hasta una hora antes de irse a dormir. Las ondas electromagnéticas que emiten esos aparatos impactan en el organismo y van acumulando desde alteraciones hormonales hasta mutaciones genéticas (polimorfismos genéticos) que producirán enfermedades tarde o temprano; además de que alteran la calidad del sueño.

-       Dormir un mínimo de siete y un máximo de nueve horas, con la habitación completamente a oscuras, con una temperatura de 18 gc., y con buena ventilación.

-       Reducir drásticamente el consumo de hidratos de carbono: pan (especialmente el pan blanco), maíz, cuscús, fideos, polenta, arroz, tortillas mexicanas, pastel, chocolatinas, cereales, galletas, helado y cualquier cosa dulce. Y, si se los consume, caminar, correr o hacer ejercicio de inmediato para eliminar lo más pronto la bomba de glucosa que se ha ingerido. Podría describirles las barbaridades que ocurren en el organismo cuando las mitocondrias de las células se encharcan de glucosa;

-       Aumentar el consumo de alimentos con fibra: verduras, aguacate, brócoli, coliflor, legumbres, mantequilla (una untadita ligera), queso, huevos, pescado (pero no atún, o reducir su consumo a una vez a la semana o menos); yogur griego, carne, frutos secos, semillas, nueces de macadamia, aceitunas.

-       La fruta consumirla con su corteza (por supuesto que no la naranja ni el plátano), no en jugo. Un vaso de jugo de naranja tiene muchísima glucosa, basta chuparse una naranja.

-       De los aceites, solamente el de coco y el de oliva, ninguno más.

-       Nada de hamburguesas, papas fritas ni Coca Cola, nunca más Coca Cola; pizza lo menos posible. La comida basura a donde corresponde, a la basura.

-       No comer fuera de casa, y, OJO, MUY IMPORTANTE:

-       Resolver los problemas apenas se presentan, desechar de inmediato a los que no tienen solución, “si tienen solución, ¿para qué te preocupas? Y, si no la tienen, ¿para qué te preocupas?” Al que esté interesado le puedo enviar todo un esquema minucioso, prolijo y completo de lo que ocurre en el organismo con las hormonas, enzimas y células de cada órgano del cuerpo cuando la tensión, el miedo y las preocupaciones se mantienen por un período de tiempo, y la lista de enfermedades que se ponen en cola y esperan turno para amargar la vida a causa de aquello. La frecuencia y sucesión de enfermedades no es cuestión de edad sino de mentalidad.

      

      Como afirma uno de los científicos citados en este artículo: “Las enfermedades no son cuestión de mala suerte, sino de los malos hábitos de vida y alimentación”.

 

 

HAY QUE SUPERAR ESTOS PROBLEMAS ESTRUCTURALES EN LA FORMACIÓN DE LOS MÉDICOS, ¡HAY MILES DE VIDAS EN RIESGO Y MUCHO SUFRIMIENTO NO ALIVIADO O PROVOCADO!

 

LMG. 2024-01-14



[1]MINDFULNESS. La conciencia plena. Ellen J. Langer. Pág. 17.

[2]¿CÓMO HABLA DIOS?LA EVIDENCIA CIENTÍFICA DE LA FE. Francis S. Collins. Ariel. Páginas 66-72.

[3]THE MINDFUL BODY: THINKING OUR WAY TO CHRONIC HEALTH. Ellen J. Langer. (Traducción mía del Inglés y subrayado mío). 

[4]WHEN THINGS GO WRONG: DISEASES from THE BODY. Bill Bryson. Págs 48-49. Traducción mía.

[5]IATROGENIA: daño no deseado a la salud, causado o provocado como efecto secundario por un acto médico, originalmente orientado a curar una patología determinada. Errores que se cometen por no hacer algo correcto (por omisión) o por hacer algo incorrecto (por comisión o acción). 

[6]Al respecto deben leerse los libros CÓMO MORIMOS: reflexiones sobre el último capítulo de la vida y, EL ARTE DE ENVEJECER: recomendaciones de un médico, de Sherwin B. Nuland.

[7]Al respecto se puede leer mi libro CRÓNICA DE UN GENOCIDIO. 2020-09-05, en la página Web: https://www.academia.edu

[8]WHEN THINGS GO WRONG: DISEASES from the BODY. Bill Bryson. Pás. 43-44. Traducción mía.


[1]Arquitecto, Magíster en Historia, PhD en Urbanismo Sostenible. http://leonardominogarces.blogspot.com

 

[2]EL FIN DEL ALZHEIMER. El Programa. Dr. Dale E. Bredesen. Pág. 87. Editorial Grijalbovital. En el párrafo citado, se refiere a los exámenes necesarios para conocer si el paciente tiene alguno de los factores de riesgo que podría provocar la enfermedad.

[3]LA REVOLUCIÓN DE LA GLUCOSA. Jessie Inchauspé. Bioquímica francesa. Un libro impresionante, en el que el contenido de cada párrafo está respaldado por notas de pie de página que remiten y permiten acceder a los informes científicos de laboratorios de varios países del mundo de los que la autora ha obtenido la información, además de sus propias investigaciones científicas. 

[4]EL FIN DEL ALZHEIMER. El Programa. Dr. Dale E. Bredesen. Pág. 179.

[5]TU CUERPO, TU HOGAR. La longevidad depende de ti. Rafael Guzmán García. PlanetadeLibros. Pág. 65. Subrayado mío.

[6]SOMOS NUESTRO CEREBRO. Cómo pensamos, sufrimos y amamos.Dick Swaab. Pág. 24.

[7]YO SOY MALALA. La joven que defendió el derecho a la educación y que fue tiroteada por los talibanes. Pág. 193. Esto ocurrió en Pakistán el 9 de octubre del 2012.

jueves, 18 de enero de 2024

CÓMO ELIMINAR EL NARCOTRÁFICO EN EL ECUADOR Y EN EL MUNDO

CÓMO ELIMINAR EL NARCOTRÁFICO EN EL ECUADOR Y EN EL MUNDO 

Debemos empezar por la relación y binomio fundamental de todo sistema de mercado: oferta y demanda. Estas dos variables son inseparables, no se puede ni siquiera pensar en la una separada de la otra. Y la segunda es la madre de la primera: la demanda CREA o DA A LUZ a la oferta. Puesto que los seres humanos deben comer para sobrevivir (demanda), se producen alimentos y se los ofrece en el mercado (oferta). Esto es lo que crea y posibilita la existencia de todos los sistemas de mercado que registra la historia. Si no hay demanda, no nace ni se multiplica la oferta. Sin madre no hay hija. De manera que como la demanda es la madre de la oferta, para eliminar la oferta hay que eliminar la demanda. 

Por ejemplo, el hecho de que todos los seres humanos actuales vivan desesperados por tener un teléfono celular o un aparato de televisión (demanda mundial), las fábricas de esos aparatos se han multiplicado, ampliado y amasado fortunas (oferta). 

Del mismo modo, el hecho de que, una vez en posesión de un televisor la gente de todo el mundo busque (demande) películas y novelas sosas y banales, hace que se multipliquen los “estudios” de filmación y grabación de esas basuras (oferta). Actualmente, sin que los espectadores se enteren, cada vez que sintonizan un canal se registra su ingreso y se cuantifica la audiencia, en caso de bajar de un nivel dado, se elimina la película o el programa televisivo. Demostración cabal de que la demanda crea la oferta o la baja demanda la mata. Vamos llegando a la solución: hay que eliminar la demanda para eliminar la oferta.

Si un padre de familia o un Estado se diese cuenta (y le importase) de que sus hijos o su población está siendo embrutecida por esas películas y novelas, y el primero decidiese destrozar a patadas el televisor en lugar de incentivar a sus hijos a realizar labores creativas o, el segundo decidiese declarar la guerra al país productor y lanzar 

unos bombarderos sobre los “estudios” de filmación, serían tonterías inútiles y ridículas. A nadie se la ha ocurrido realizar esas acciones y todo el mundo las reprobaría y convocaría a las inútiles Naciones Unidas para que se reúna el Consejo de Seguridad presidido por la invasora Rusia para detener esa guerra. 

Pero eso es exactamente lo que se viene realizando desde hace siglos en la relación oferta-demanda de drogas: más fácil que luchar para eliminar la demanda es simular que se quiere eliminar la oferta lanzando bombarderos y aviones de fumigación sobre los cultivos de las inocentes plantitas de marihuana o coca. 

¿Cómo se explica esa doble moral, esa tremenda hipocresía? 

Se explica porque la oferta está principalmente en los países pobres del Sur y la demanda en los depredadores del Norte. En efecto, el volumen mayor de demanda de drogas alucinógenas son las poblaciones de clase alta, media alta y súper baja de las naciones del hemisferio norte. Desde los empresarios, sus asalariados políticos y gobernantes, sus jóvenes hijos de papá que no tienen que preocuparse por su futuro, y sus masas de desempleados y empleados con salarios de miseria, se entregan a las drogas; los primeros para matar el aburrimiento, “alegrar” los bacanales, banquetes, recepciones diplomáticas y “cumbres” y, los segundos, para matar la desesperación.

La demanda y consumo de drogas en los países del sur es mínima, apenas lo que sobra o se barre de los pisos de los laboratorios. 

De manera que el sistema de la droga tiene dos grandes componentes: la demanda, constituida como queda dicho, con tres subcomponentes; y la oferta, con los cuatro siguientes. 

La oferta está constituida por cuatro sectores: uno, los pobres campesinos cultivadores; dos, los intermediarios, que llevan las plantas a los laboratorios de procesamiento y mezcla con porquerías; tres, esos laboratorios y, cuatro, los traficantes, que hacen llegar el polvo blanco a sus ávidos consumidores en los países del norte. 

El primero es el componente más pobre y vulnerable, pero sobre él se lanzó el Plan Colombia: aviones de los EEUU fumigaron y asolaron las tierras del Putumayo colombiano, dejándolo inútil para cualquier tipo de cultivo. Ante lo cual los campesinos pasaron la frontera y se asentaron en el lado ecuatoriano del Putumayo; demostrando que los gobernantes gringos y colombianos son unos perfectos inútiles e hipócritas. 

El cuarto sector es el componente más publicitado y el que pone los muertos y los encarcelados: el tráfico desde los laboratorios atravesando las fronteras de los países del sur con la complicidad de sus policías y fuerzas armadas y las de los países DEMANDANTES hasta llegar a los consumidores.



El actual Presidente de Colombia, ante el fracaso humillante del Plan Colombia de fumigar las tierras de las plantaciones, bobaliconamente ha decidido dejar en paz a los campesinos cultivadores y emplearse a fondo contra los traficantes. Actuar solamente contra uno de los cuatro sectores que integran uno de los dos componentes del sistema es ridículo, sólo provocará más muertes. ¡Como si faltasen pruebas de que los políticos son unos gaznápiros! 

Debido a que este momento hay una sobre oferta de cocaína, los canales de salida están congestionados y las bandas de traficantes se ven en apuros para hacer llegar la droga a los países del norte. Eso explica las guerras entre bandas, las masacres en las cárceles y los atentados y asesinatos del alcalde de Manta y de Fernando Villavicencio.

Además, como quedó dicho, esos asesinatos sirven de advertencia a los siete candidatos supervivientes lo que les puede pasar si se ponen serios. La prueba de que incluso eliminando los cuatro sectores de la oferta actual de la droga no se eliminaría la oferta de drogas es que actualmente se está sobre produciendo en los laboratorios químicos una droga artificial: el fentanilo, “un potente fármaco opiáceo sintético aprobado por la Administración de Alimentos y Medicamentos (de los EEUU) para uso como analgésico (alivio del dolor) y anestésico. Es aproximadamente 100 veces más potente que la morfina y 50 veces más potente que la heroína como analgésico” (Fentanilo – DEA.gov). Esa sustancia química sintética está reemplazando a la cocaína. 

SIEMPRE habrá OFERTA de cualquier tipo de drogas mientras no se elimine la DEMANDA. Todo lo que se haga para combatir la oferta es pura hipocresía. Los países del sur ponemos los muertos y sacrificamos la paz mientras los del norte se embotan con droga. Hay que matar a la gigantesca rata de la demanda y morirán de inanición sus pulgas de la oferta. Tendremos paz y no nos mataremos entre nosotros. 

LMG. 2023-08-15


martes, 19 de septiembre de 2023

¡EL PROCESO DE DEGRADACIÓN AMBIENTAL DEL DISTRITO METROPOLITANO DE QUITO!

¡EL PROCESO DE DEGRADACIÓN AMBIENTAL DEL DISTRITO METROPOLITANO DE QUITO!

¡Los hombres, que presumen de “sapiens”, no escarmientan!




El 16 de septiembre del año 2015 (¡hace ocho años!) escribí un artículo en el que analizaba y describía los fenómenos físicos, químicos, biológicos, ambientales y sociales que explican los incendios en las áreas verdes y boscosas dentro y junto al perímetro urbano de las ciudades del mundo.[1]

            Todos los años, en todo el mundo, en invierno se producen tormentas de nieve, crecen los caudales de los ríos provocando inundaciones devastadoras en las áreas urbanas y, en verano, sequías que generan hambrunas e incendios, además de huracanes, tifones y ciclones, también devastadores. Los seres humanos se limitan a reparar un poco los daños, limpiar las casas, enviar flotas de helicópteros a apagar los incendios, despejar la nieve de carreteras, calles y veredas; enviar un poco de alimentos a las áreas afectadas por las sequías, encogerse de hombros y encomendarse a sus divinidades respectivas. Y el siguiente año, lo mismo de lo mismo.

            Hace 51 años (1972) los científicos[2]advirtieron que el funcionamiento del sistema económico mundial está conduciendo a la afectación irreversible de las condiciones de vida de los seres humanos en el planeta, y han especificado las causas inmediatas y mediatas. Pero además de “cumbres mundiales” que no sirven para nada, aquel funcionamiento económico, modos de vida y costumbres, no cambian sino que empeoran.

            Treinta años después, analizando lo que había ocurrido en el lapso transcurrido, volvieron a advertir lo que se venía[3]:

 

“...seguimos sin percatarnos plenamente de que si no se producen cambios substanciales en nuestros hábitos egoístas y derrochadores, esos riesgos se convertirán en situaciones muy peligrosas, prácticamente irreversibles e imposibles de gestionar a favor de todos...

...La magnitud del actual consumismo muestra desde hace tiempo que necesitaríamos contar con más de un planeta Tierra para poder mantener, de este modo, los afanes de gran bienestar material por parte de los más privilegiados...

...los condicionamientos ecológicos globales (asociados al uso de recursos y a las emisiones) ejercerían una influencia significativa en los fenómenos mundiales a lo largo del siglo XXI... hasta el punto de que la calidad de vida media declinaría en algún momento dado a lo largo del siglo XXI...

...LTG [Los Límites al Crecimiento, se refieren al libro anterior] propugnaba una innovación social profunda y activa a través del cambio tecnológico, cultural e institucional con el fin de evitar un aumento de la huella ecológica de la humanidad que superara la capacidad de carga del planeta Tierra...

...el mundo se halla en fase de extralimitación. Ahora se sabe que la producción per cápita mundial de cereales tocó techo a mediados de la década de 1980[4]. Las perspectivas de un aumento significativo de la producción pesquera marítima se han esfumado. Los costes de las catástrofes naturales aumentan...

...el clima mundial se está alterando a causa de la actividad humana...” (Págs. 13-25)

 

            Cincuenta y un años después, sigue la parranda y la francachela, la fiesta, las bebilonas y comilonas, las toneladas de comida tiradas a la basura, las toneladas de residuos plásticos tirados a los ríos y conducidos al mar, etc., etc., lo que significa -en palabras crudas pero reales- que los actuales e inmediatos padres y madres dicen a su hijos: “sé muy bien que lo vas a pasar fatal, pero ahora es mi momento de divertirme, tú ya te salvarás como puedas”.

            

            Ahora voy a relatar muy minuciosamente la secuencia en el tiempo secular del proceso histórico que ha provocado -como uno de sus efectos- los incendios en las áreas verdes y boscosas del Distrito Metopolitano de Quito. Todos están buscando la causa inmediata: el fósforo o el que arrojó el fósforo. Pero el bueno de Aristóteles ya nos enseñó hace 2.350 años que a los fenómenos hay que estudiarlos en cuatro niveles: sus elementos, su estructura, el origen del movimiento y la finalidad. Y el filosófo griego se quedaba corto en el análisis de las causas de cualquier fenómeno, porque no veía el sistema del que forma parte. Voy a exponer -de manera muy resumida- la secuencia temporal.

            Los españoles invadieron el continente con el que, casualmente, se tropezó Cristóbal Colón, no lo “descubrió” sino que se tropezó casualmente con él. Todavía hay historiadores que usan la palabra “conquista”, que realmente significa convencimiento o engatusamiento. No hubo ninguna conquista, sino invasión  y saqueo a sangre y fuego. Al igual que los ingleses no conquistaron la India, los holandeses no lo hicieron con SudÁfrica, los europeos no lo hicieron con todo el continente africano, etc., todos ellos invadieron, robaron y saquearon a sangre y fuego. Nada de conquista. Los españoles destruyeron el sistema económico, la cultura y el hábitat Andinos, con lo que empezó la tragedia ambiental.[5]

            Los españoles destruyeron la estructura del manejo Andino de la tierra, e introdujeron el sistema feudal, con los encomenderos, que esclavizaron la mano de obra indígena. Ese sistema inició la degradación del suelo Andino.

            En la época republicana, los encomenderos cambiaron su nombre a “hacendados”, pero el sistema económico y de manejo de la tierra continuó igual. O sea que continuó la degradación del medio ambiente y la destrucción de la biodiversidad.   Al hacerse dominante el sistema económico capitalista de mercado, los hacendados fueron incapaces de insertarse en el mismo, motivo por el cual las producciones agrícola y ganadera se fueron haciendo cada día más deficitarias, depredadoras de la tierra, empobrecedoras de los indígenas e incapaces de suministrar alimento para la creciente población.

            El sistema capitalista introdujo la maquinaria y la química en la agricultura, con lo cual en la misma área de terreno fue posible producir un mayor volumen de alimentos y con menos mano de obra; claro, degradando más el escaso suelo utilizado y arrojando al desempleo a los trabajadores. O sea que, en demostración de la validez de la teoría del bueno de Carlitos Marx, las fuerzas productivas superaron a las relaciones de producción, y el sistema de hacienda se hizo obsoleto.

            Ante el evidente y ya insostenible atraso del sistema de hacienda, en 1964 la Junta Militar de Gobierno conformada por el contraalmirante Ramón Castro Jijón, generales Marcos Gándara Enríquez y Luis Cabrera Sevilla, y el coronel Guilllermo Freire Posso dictó la Ley de Reforma Agraria y la Ley de Tierras baldías y colonización. Esto significó, en términos generales, la desmembración de las haciendas en pequeños lotes (husipungos) que pasaron a propiedad de los campesinos.

            La población siguió creciendo y el volumen y calidad de los alimentos siguieron decreciendo. Pero los indígenas, ya huérfanos de su cultura ancestral, fueron incapaces de hacer producir la tierra para atender a la creciente demanda. Como creció la población, igual lo hizo la demanda de vivienda, y funcionó a la perfección la fórmula capitalista de la oferta y demanda: las tierras improductivas o de baja productividad aledañas a las ciudades perdieron valor para la agricultura pero creció su valor como tierra urbana para la satisfacción de la demanda de vivienda. De manera que la tierra agrícola, que se vendía por hectáreas, se conviritó en tierra urbana que se compraba por metros cuadrados.

            En ese contexto, las clases “altas” comenzaron un proceso de movilidad residencial, ahora denominado gentrificación. Deseosos de “alejarse de los longos”, primero abandonaron sus casonas del Centro Histórico de Quito y se implantaron en el barrio La Mariscal; luego, empujados por los “longos de la pequeña burguesía” que se apropiaron de las calles del barrio, aquellas mismas clases emigraron a la Av. González Suárez, previo cambio de uso del suelo decretado por el Alcalde Durán Ballén a pesar de los informes geológicos en contra que advertían de la peligrosidad de realizar construcciones en altura en dicho sector. Luego decidieron “ir a vivir al campo” y comenzaron a instalarse en los valles de Tumbaco y Los Chillos, también previo el cambio de uso del suelo permitido por la Ordenanza 1353 emitida por el mismo alcalde, que permitió la fragmentación de la tierra eminentemente agrícola de los valles en lotes de 300 metros cuadrados. El precio de dichos lotes bajaba cada día debido al pésimo manejo por parte de los campesinos y, simultáneamente subía por la demanda de vivienda de la población de las ciudades. Baja utilidad para la agricultura, alta demanda para la vivienda urbana. Así que los campesinos solucionaron su hambre vendiendo a bajos precios sus lotes improductivos a los ciudadanos ricos que querían salir de la ciudad.

            También, desde 1967, empezó la explotación y exportación del petróleo del oriente del Ecuador, lo que dejó ganancias en las clases medias y altas de las ciudades, especialmente Quito. De manera que dichas clases sociales pudieron marcharse a construir sus viviendas -desde mansiones de las clases altas hasta “casitas” de las clases medias- en el bucólico afán de alejarse de las ciudades e “ir a vivir y disfrutar del campo”.

            Sin considerar el origen domiciliario de sus clientes, pero para implantarse en las zonas de “moda” y “prestigio” de los valles, las empresas privadas de establecimientos educativos también abandonaron sus instalaciones en el valle alto de Quito y se instalaron en los valles orientales de la ciudad. Es patético mirar cada día el cordón amarillo de los buses de estudiantes bajar por la mañana a sus establecimientos “educativos” y subir por la tarde a sus residencias en el valle alto de Quito.

            Ante la avalancha de gente “pudiente” en los valles orientales, los supermercados y centros comerciales hicieron lo mismo que las empresas educativas. Y esto, hasta tal nivel de irrespeto y desprecio de los intereses de la colectividad que en dos sitios (a saber) se convirtió en privado el espacio público. En efecto, en la alcaldía de Augusto Barrera se amplió la Vía Interoceánica desde su acceso a Cumbayá hasta el puente sobre el río San Pero, contra todos los resultados arrojadas por estudios técnicos cuantitativos que demostraban que -en una proyección a diez años- no era necesaria dicha ampliación; pero era fundamental para facilitar la accesiblidad de los futuros clientes a dos centros comerciales cuya construcción se estaba iniciando. El atentado llegó a la agresión y apropiación del espacio público al convertir la vía pública en privada para el acceso a uno de aquellos, y al construir un paso elevado peatonal de pésimo diseño -horrendo, un verdadero bodrio- desde el interior del otro centro comercial hasta el de una universidad privada, pasando por el medio y en altura de la última calle peatonal propia de la imagen urbana de la cabecera parroquial de Cumbayá.

            En síntesis, una anarquía total en el uso y ocupación del suelo, con el Municipio mirando para otro lado o recibiendo coimas de los urbanizadores, empresas constructoras  y especuladores del suelo. Que el diablo averigüe y ponga en la última paila del infierno a los culpables.

            Si en Quito cada familia de clase alta y media alta tenía un vehículo (y no necesitaba ninguno), al implantarse en los valles “necesitó” tres, lo que exlica el aumento demencial de la tasa de motorización del Distrito; para enriquecimiento de ensambladoras, importadoras, empresas petroleras y distribuidores de combustibles; y para deterioro de la salud de toda la población y del ambiente de todo el territorio.

            De esta manera, toda aquella masa inconsciente de población y muy consciente de comerciantes de la educación y de los bienes y servicios, necesitó la construcción de carreteras, su pronta ampliación y multiplicación; lo cual fue gozosamente atendido por las empresas constructoras y jubilosamente tramitado por  las “autoridades” municipales. Así que se cruzaron los valles orientales y su comunicación con el valle alto de Quito con cicatrices horrendas de carreteras en una red cada día más densa, tupida y, lo que es peor, inútil, puesto que se ha demostrado desde la invención del automóvil que si se facilita la movilidad, esta se multiplica y extiende sin fin, lo que fue expresado por el urbanista Lewis Mumford con la frase: “ampliar el número de vías de una autopista para reducir la congestión vial, es como ampliar la cintura de los pantalones para reducir la obesidad”. Lo correcto es desmotivar o desalentar la movilidad mediante la construcción de equipamiento barrial. De las 32 transferencias urbanas motorizadas, solamente es imposible evitar una: la transferencia vivienda-trabajo, y esta debe realizarse mediante transporte institucional y público, encareciendo el transporte privado en automóvil con uno o dos ocupantes, para desalentarlo. Las otras transferencias deben resolverse en cada barrio. Pero no, imposible, la racionalidad no es propia de la especie homo “sapiens”.




Se destruyó el Volcán Ilaló con carreteras de diseño burdo y grotesco; y, para mayor y sangrienta ironía, a una de ellas la llamaron Ruta “Viva”.

            Existen dos tipos de vías: las desplazadoras y las implantadoras. Las primeras sirven exclusivamente para -como su nombre lo indica- desplazar gente, bienes y servicios entre ciudades o establecimientos humanos de distintos tipos y jerarquías. Por ejemplo, la antigua carretera Quito-Lago Agrio.

            Pero, a medida que aumentan la frecuencia y la intensidad de los intercambios que esas vías facilitan, se van implantando actividades en la orilla las mismas, o sea que se va ocupando el espacio entre las dos ciudades que comunican. En el caso del ejemplo, a media distancia ente Quito y Lago Agrio, se implantó una pequeña caseta de madera para satisfacer la sed de los viajantes, en la cual una campesina vendía agua mineral, colas, sánduches y bienes similares. Poco a poco creció el establecimiento, en tal magnitud que ahora es una ciudad. O sea que la vía desplazadora se convirtió en implantadora: se ocupó el espacio a la orilla de la misma y se implantaron actividades.

            Un fenómeno similar se produjo en las vías que, en un inicio solamente comunicaban Quito con Cumbayá y Tumbaco, y Quito con Sangolquí. Al modificarse su trazado y ampliarse para posibilitar el tráfico rápido pesado y liviano, no tardó mucho en ocuparse el espacio a la orilla de las mismas, primero con vulcanizadoras, tiendas de refrescos, luego con gasolineras y finalmente con viviendas, conjuntos residenciales y de edificios multifamiliares; sin ningún conocimiento de los procesos económicos, ni socio-espaciales ni ambientales y sin ninguna planificación, sino todo al desgaire de la ambición especuladora del suelo, de las empresas inmobiliarias, de la ligereza (o desesperación por conseguir una vivienda), o bajo nivel cultural de los compradores y de la irresponsabilidad de los municipios.

            El Valle de los Chillos tenía características ecológicas de gran calidad para la agricultura y la ganadería, era una zona de alta productividad que suplía las demandas de alimentos de Quito y su región. Esto fue deteriorándose a partir de la construcción de una vía de velocidad que lo atravesó longitudinalmente desde la carretera Panamericana sur, con el objetivo de evitar que los vehículos procedentes de las provincias del sur del país atraviesen el Centro Histórico de Quito, y que circulen por los valles orientales hasta conectarse con la Panamericana Norte o que ingresen a Quito por corredores laterales desde los valles. La segunda intervención fue la construcción de la Autopista General Rumiñahui (pobre líder indígena, nunca sabrá que con su nombre se desalojó a los campesinos de sus tierras). Estas dos carreteras transformaron las tierras agrícolas en urbanas ya que nunca la rentabilidad agrícola de la pequeña y mediana propiedad podrá competir con la rentabilidad urbana, a pesar de la calidad agrícola de la tierra.

            Los actuales pobladores de los valles orientales hacen recorridos de una hora o más, temprano en la mañana para ir a Quito a su trabajo o a buscar equipamientos que deberían estar ubicados dentro de sus barrios a una distancia de recorrido peatonal; y otra hora por la noche para regresar a sus “bucólicas fincas campestres”. Este fenómeno es obvio y conocido desde hace más de un siglo: al aumentar la movilidad baja la accesibilidad, es decir que se alargan los tiempos de viaje y es más difícil acceder a los destinos de los mismos. 

            Y los “nuevos campesinos” -puesto que “ya viven en el campo”- ni se percatan de las consecuencias inmediatas y a largo plazo que sus viajes provocan en toda la población. Y día tras día van viendo cómo los románticos campos que vinieron a buscar se van convirtiendo en tugurios espantosos peores que los que no hace mucho abandonaron.

            De manera que las zonas de producción de los alimentos, y graneros de Quito, los valles orientales alrededor del Volcán Ilaló, fueron urbanizados previa la tala de los árboles y la destrucción del ambiente.

            Para facilitar todo ese desbarajuste y anarquía, las clases sociales tantas veces mencionadas pusieron alcaldes propios que facilitaron y legalizaron el caos.

            Similar proceso se produjo en las laderas del Pichincha, pero inicialmente por parte de traficantes de tierras, luego mediante la formación de cooperativas de gente humilde y finalmente por especuladores del suelo. Se viabilizó la integración de los asentamientos mediante la construcción de la llamada Vía Occidental, a pesar de los informes geológicos negativos emitidos por la Escuela Politécnica Nacional, que alertó de la posibilidad de generación de deslaves; efectivamente, se produjeron cuatro muy graves. Nuevamente, el ejecutor fue el alcalde Sixto Durán Ballén. Aquella vía, en lugar de ser -como proclamó el alcalde- el cinturón de la ciudad, llevó la infraestructura hasta las laderas del Pichincha convirtiendo en urbanas las tierras aledañas. De inmediato y a la orilla de la carretera se construyeron los edificios multifamiliares San Carlos y, poco a poco se densificó toda la zona ya casi hasta las antenas del Pichincha.

            El ejecutor de la prolongación del área urbana hacia el norte fue el Coronel Oswaldo Vaca Lara, desde la Presidencia del Banco Ecuatoriano de la Vivienda, con la construcción de los edificios multifamiliares en Carcelén, cuando la ciudad terminaba en la cabecera norte del aeropuerto, dejando terrenos vacíos en medio, obviamente convirtiéndolos en urbanos y elevando su precio.

            Todos los ejemplos anteriores demuestran que, cuando una ciudad crece “a salto de rana”-como lo denominaron los técnicos que realizaron el Plan de Área Metropolitana de Quito de 1972-  es decir, dejando espacios vacíos entre el área urbana consolidada y la nueva, se eleva el precio de los espacios intersticiales y se convierten en urbanos, puesto que la infraestructura construida para abastecer a los espacios apartados atraviesa los vacíos. Esta es una política típica de los especuladores del suelo, con el contubernio de alcaldes, concejales y funcionarios municipales. Provoca la ampliación irracional del área urbana con bajas densidades, obliga a la construcción y ampliación eterna de las vías y de la infraestructura de agua potable, alcantarillado, energía eléctrica, telefónica (y ahora, de Internet) con la obvia alza de las tarifas; alarga los recorridos, dificulta la accesibilidad y destruye los espacios verdes y arborizados, en suma, degrada el hábitat.

            Para rematar y legalizar el desbarajuste, el caos y el atentado a la calidad de vida de los ciudadanos, en la alcaldía de Rodrigo Paz Delgado se emitió la ley de Distrito Metropolitano de Quito, que amplió el área urbana prácticamente desde Machachi hasta Calacalí y desde el Pichincha hasta Checa. Con lo cual todo ese territorio puede ser encementado, asfaltado, cruzado por carreteras, cortados y desbancados los montes, secados los arroyos, rellenadas las quebradas, todo árbol puede ser cortado y toda biodiversidad puede ser eliminada para permitir la presencia única de la especie más destructora y depredadora de la naturaleza: el mono desnudo bobalicón y voraz.

            Con una visión simple de la realidad se podría creer que si aumenta la población por lógica elemental debe aumentar el área urbana. Pero no es así, esas dos variables no son necesariamente directamente proporcionales. El aumento de la población no es directamente proporcional al aumento del área urbana, no crecen al mismo ritmo. Por ejemplo, la ciudad de Barcelona, en España, tiene el triple de población que la ciudad de Atlanta, Georgia, EEUU y, sin embargo, su área es apenas el 30% del área de esta última ciudad. Esto se explica porque la densidad de Barcelona es 13 veces mayor que la de Atlanta.

             Otro ejemplo: La población de la ciudad de Quito es 1,2 veces mayor que la de Barcelona, pero ocupa un área equivalente a 3.7 veces el área de esta última, porque la densidad de Barcelona es 2,1 veces mayor que la de Quito; y nadie podría decir que Barcelona es una ciudad inhóspita, fea, con atmósfera irrespirable, ni nada parecido, sino todo lo contrario: Quito es inhóspita a pesar de -o debido a- que ocupa mayor área.

            Lo anterior se explica por una mejor planificación, diseño y manejo delterritorio.

            

            Este es el proceso que ha seguido la destrucción del hábitat de todo el territorio de la antes habitable ciudad de Quito, uno solo de cuyos fenómenos y consecuencias son los incendios de los pocos árboles, matorrales y hierbas que quedan, casi menos de los que yo tengo en la sala de mi casa, en proporción al área y al número de habitantes.

            El asfalto, el cemento y el CO2 no retienen humedad, como sí lo hacen las áreas verdes; los gases que expulsan los vehículos contribuyen al efecto invernadero que eleva la temperatura y, al concentrar las impurezas en el ambiente provocan un aumento de la morbilidad y mortalidad de los habitantes; los automovilistas no saben que sus pulmones están llenos de gasolina -tanta que corren peligro de volar por los aires al encender un cigarrillo; y, por último, es por demás conocido que los vándalos descuidados o asalariados de las empresas inmobiliarias queman las hierbas y árboles secos para facilitar la inmediata reversión de los suelos al uso urbano. Como a nadie le interesa ni se duele o preocupa por las áreas verdes -casi inexistentes- es más fácil prenderles fuego.

 

            Piensan los “padres y madres” de sus “hijos”: “sé muy bien que lo vas a pasar fatal, pero ahora es mi momento de divertirme, tú ya te salvarás como puedas”. Y eso los poquísimos que piensan, los otros, como perrito callejero, simplemente procrean “hijos”.

LMG.2023-09-09

 


[1]¿POR QUÉ HAY UNA PROLIFERACIÓN DE INCENDIOS EN LAS ÁREAS VERDES DEL DISTRITO METROPOLITANO DE QUITO? 2015-09-16.

[2]LIMITS TO GROWTH. LTG. Donella H. Meadows, Dennis L. Meadows, Jorge Randers y William W. Behrens III. Nueva York, Universe Books, 1972. México. Fondo de Cultura Económica.

[3]LOS LÍMITES DEL CRECIMIENTO 30 AÑOS DESPUÉS. Donella Meadows, Jorge Randers, Dennis Meadows. Galaxia Gutemberg. Círculo de Lectores. 2004.

[4]Y en estos días el criminal Putin está impidiendo la salida de los cereales ucranianos al resto del mundo.

[5]La calidad del sistema económico Andino y su sostenibilidad están descritos en mi libro: EL MANEJO DEL ESPACIO EN EL IMPERIO INCA, y en mi artículo: La computadora, ¿fue inventada en los Andes?