En cambio, en el país esclavizado en que se originó el virus, el contagio está controlado, simplemente porque a nadie se le ocurre desobedecer ni organizar “reuniones de debate por Zoom” y, si alguien lo hace, va a dar con sus huesos en la cárcel y ya puede ir perdiendo la esperanza de salir algún día.
Obviamente, no estoy haciendo una apología de la esclavitud, sino demostrando que el sistema “democrático” es una gran mentira perversa; es ineficiente, inepto, caldo de cultivo para todas las aberraciones imaginables y no imaginables. Está bien que luego de la difusión masiva de información científica, se deje que la gente se entere, discuta y exprese su opinión, eso está bien, pero luego de un tiempo prudencial muy corto llega el momento de tomar una decisión (más aún si de ella depende la vida de millones de personas) y el gobernante bien informado y líder (que, infortunadamente, no existe en todo este desventurado planeta) tiene que poner en práctica las medidas que los científicos recomiendan y todo el mundo las tiene que acatar sin siquiera rezongar.
Otra de las características de identidad de los gobiernos, que ha desvelado de manera sangrienta la pandemia, es la inmoralidad y corrupción de los funcionarios oficiales. Ante la necesidad urgente de insumos de protección para los médicos y población en general, los funcionarios oficiales han contratado su compra con sobreprecio (ellos obtienen coimas millonarias por elegir al proveedor), consiguiendo así pingües fortunas. Primero los comerciantes que disponían de los insumos y luego los funcionarios corruptos pusieron los precios por las nubes sin importarles un rábano podrido la muerte masiva de la gente. ¡Qué linda “sociedad”!
En definitiva y síntesis final, ¿qué define al sistema político de la presente sociedad mundial? Pues la anarquía, el caos, la ignorancia, la irresponsabilidad, el individualismo, el egoísmo, la corrupción, la inmoralidad y la perversidad
Los restos de una flota dirigida por un capitán “elegido por el pueblo”
Þ 6. EL SISTEMA ECONÓMICO: De manera sucinta, sería suficiente referirse a cuatro componentes de este sistema: el gran capital, las empresas grandes y medianas, el pequeño empresario y el obrero.
El gran capital, que desarrolla sus actividades en las bolsas de valores, los grandes bancos y los paraísos fiscales, no ha sido mayormente afectado por la pandemia. Sus especulaciones han seguido, en algunos casos -como ha ocurrido en todas las guerras y tragedias mundiales- incluso han hecho “su agosto” con la pandemia. Por la necesidad urgente de capital por parte de los países y empresas; estos dinosaurios se lo han proporcionado con altísimos intereses. Un ejemplo de su ambición insaciable es que cuando se anunció que una de las vacunas había demostrado tener un 90% de efectividad, las acciones de la empresa Zoom, que está suministrando servicios de comunicación por Internet a todo el mundo, cayeron un 10%.
Las empresas grandes y medianas: han recurrido al chantaje de la amenaza del desempleo, en unos casos obligando a sus empleados a aceptar una reducción de sus salarios con la misma duración de la jornada de trabajo; eliminando los aportes patronales a los seguros de salud y otras trapacerías similares.
Los pequeños y pequeñísimos empresarios: me refiero, por ejemplo, al dueño de un pequeño restaurante, de una tienda de barrio y de un quiosco en la parada del bus. A ellos los confinamientos y toques de queda los han dejado sin clientes de la noche a la mañana. Y, como con las ganancias de cada día apenas les alcanzaban para sobrevivir al siguiente, pues obviamente se han visto arrojados a la miseria. Al terminar el confinamiento han comenzado a abrir tímidamente sus negocios y a rogar al cielo que “caiga algún clientito”.
En contraste con esos cuatro casos, la creatividad y la miseria de los obreros han generado pequeños negocios de supervivencia, tales como ir a buscar al campo unas pocas legumbres y frutas y vendérselas en la ciudad de puerta en puerta; ponerse a hornear unos cuantos panes y también ofrecérselos a domicilio, y similares.
Þ 7. EL SISTEMA DE SALUD: Primero, para ser un sistema, debe estar conformado por múltiples unidades articuladas e integradas; de distinta jerarquía y tipo, desde las de atención primaria de barrio o unidad vecinal hasta los hospitales especializados; pero todas ellas integradas de manera que todos sus componentes funcionen articulados e interdependientes como las células del cuerpo humano; puesto que lo que ocurra en una de ellas repercute en todo el sistema y este en toda la sociedad. Y no me refiero solamente a los edificios, sus equipamientos y personal médico y de servicio, sino también a la formación de los futuros profesionales de la salud.
Segundo, la política principal de ese sistema debe tener una cualidad excepcional que solamente la tienen los individuos más cultos y bien informados, los científicos; esto es, dominar el presente sustentado en el pasado y previendo el futuro. Estar listo para controlar una situación imprevista, tal como un terremoto, tsunami, epidemia, pandemia o similar. Es más, aquel sistema debe investigar permanentemente y como una de sus actividades principales para anticiparse a tales eventualidades. De la noche a la mañana puede pasar de la calma total a un aluvión de miles de pacientes; ¿de qué tipo? eso debe saberlo el sistema.
Por ejemplo, cuando estudié arquitectura dos frases doctrinales eran: “en una ciudad todo puede caerse, menos un hospital”y, “la cuantificación del número de camas y demás servicios debe hacerse contemplando una catástrofe”.
Actualmente la tecnología de comunicación permite estar en contacto con todos los adelantos de la medicina en el ámbito mundial, y entre ellos está que más de un millón de virus amenaza a los seres humanos pero -al parecer- aún no se manifiestan. Por ejemplo, el virus de VIH al parecer estaba en el organismo de seres humanos desde los años cuarenta del siglo pasado pero se manifestó cincuenta años después. La globalización, que junta personas de todo el mundo a la velocidad de 900 km/h, además de la convivencia con y el consumo diario de toda clase de animales debería obligar al sistema de salud a funcionar -en palabras de nuestras abuelas- como gato panza arriba o como arquero de fútbol al que le están tirando pelotas hasta sus compañeros.
Así que las políticas del Sistema de Salud deben ser de largo plazo e integrales; y su gestión no puede variar al desgaire del capricho y la ignorancia de cada “presidente” o “ministro”.
En esa realidad, no cabe que el “Ministro de Salud” sea cualquier ciudadano con mandil nombrado por descarte o por haber puesto billetes para la “elección” del Presidente. En esta pandemia hemos lamentado ver y oír a ministros de salud de varios países a los cuales yo no les confiaría ni cuidar al gato que no tengo.
Las cifras diarias de personas contagiadas, fallecidas, etc., a causa del virus chino en los distintos países desde febrero de este año, demuestran que muy pocos de ellos cuentan con sistemas de salud tal como se los ha definido arriba. Países que presumen de “desarrollados”, “del primer mundo” y demás calificativos vanidosos, publicaban cifras que demostraban que resucitaban muertos y los que ayer estaban contagiados hoy habían desaparecido o se habían multiplicado más que los mismos virus. Las disposiciones de ayer no servían para hoy, los funcionarios que las habían dictado no sabían interpretarlas y peor aplicarlas y ellos mismos las violaban; se delimitaban barrios a confinar de manera que, como se mencionó antes, era posible moverse a otro pero no cruzar la calle para comprar el pan. En síntesis: ¿cómo se definiría al “sistema” de salud de la actual sociedad? Con tres palabras: ocultamiento, ignorancia y CAOS.
Una vez demostrado que en muchos países no existe un Sistema de Salud o que el mismo es deficiente, es justo y necesario destacar en cambio, que uno de sus componentes, el personal médico y, en general, de los hospitales, al que ha tocado cargar sobre sus espaldas la supervivencia de la humanidad, ha demostrado que está muy por encima de sus gestores (ratones dirigiendo ángeles).
En efecto, a pesar de padecer muchas carencias que han puesto en peligro y se han cobrado las vidas de los médicos; no cobrar sus sueldos y soportar la estupidez de un “ministro de salud” que, deslenguado como él solo, declaró que “los médicos habían llevado el virus a los hospitales”, ante lo cual el Presidente del Gremio de Médicos se limitó a adularle diciéndole “usted es un científico, cite cifras”. ¡Por todos los dioses del Olimpo!, a ese “ministro” le falta tanto para ser un científico como a la gata de mi abuelita para conocer el ADN de los ratones que caza; a pesar de todo eso, decía, los médicos son los únicos responsables de la recuperación de millones de enfermos y de que las muertes -a pesar de sus siete cifras- no se hayan multiplicado aún más. El agradecimiento y reconocimiento a su labor mediante los aplausos que la gente de algunos países les brindó por algunos días, si bien son conmovedores, deberían haber sido más bien expresados mediante la responsabilidad en cumplir rigurosamente las medidas de prevención y cuidado.
Þ 8. EL SISTEMA EDUCATIVO: La Educación tiene tres objetivos fundamentales y trascendentales: 1. Incentivar la curiosidad y la duda en la mente de los niños y jóvenes; 2. Entrenarles en el pensamiento crítico y en el método de practicarlo (metodología de la investigación) y, 3. Dotarles de un amplio repertorio de fuentes de investigación.
Los dos primeros objetivos deben cumplirlos, primero los padres desde nueve meses antes de nacer sus bebés; y el conjunto de tres objetivos, los padres y profesores desde los primeros años de Guardería.
El primer objetivo se cumple mediante las experiencias de observación de la naturaleza, de sí mismos y de sus semejantes. Mediante el ejercicio de la visión circular (y no focal) y el de culminar cada observación y experiencia con la pregunta: ¿Por qué?
El segundo objetivo se cumple mediante la pregunta: ¿Será? Y con el ejercicio permanente e ininterrumpido de un proceso de investigación desde la observación sensorial (con ojos, oídos, tacto, nariz) del objeto o fenómeno (sus apariencias), la búsqueda de sus causas inmediatas y mediatas hasta llegar a conocer su esencia o causa final.
Y el tercer objetivo, con la tecnología actual de comunicación que en segundos cubre todo el Planeta, se cumple pulsando un par de teclas de una computadora. La computadora responderá dirigiendo hacia un libro físico disponible en casa o en la escuela o hacia uno digitalizado.
Ese proceso de tres actividades, ¿requiere la presencia física de los niños o jóvenes en el establecimiento educativo, encolumnados disciplinada y silenciosamente frente a un profesor? ¡Por supuesto que no! La presencia física solamente es necesaria en un laboratorio o taller, y no sometidos a un profesor sino enfrentados a un fenómeno o manejando un objeto. Lo que es imprescindible es el contacto físico del niño con el objeto o fenómeno, nada más. Y generalmente en escuelas, colegios y universidades los profesores hasta suelen tener miedo de que sus alumnos se encuentren con la realidad; se limitan a enseñarles imágenes de ella o a relatarles sus propias visiones y apreciaciones; se enojan cuando un niño listo hace preguntas y consideran que la única actividad de “investigación” es copiar lo que ellos ponen en el tablero o lo que se puede leer únicamente en el libro escogido por el establecimiento.
De manera que la emergencia actual invita a pensar en la transformación del proceso educativo, cuyas modalidades y métodos no han cambiado desde hace siglos y, obviamente, los resultados son cada vez más deplorables, lo que explica la decadencia de la sociedad actual.
En esta época en que es necesaria la separación física entre las personas para disminuir la probabilidad de contagio, las empresas particulares de difusión de información limitada(vulgarmente llamadas “escuelas, colegios y universidades particulares”) se han dedicado a presionar y exigir que los estudiantes acudan a los establecimientos. La razón es que aquellos que están “recibiendo clases” por internet pagan menos que los que asisten. Así que los gerentes chantajean a los profesores con la amenaza de desempleo si no aumentan el número de alumnos presenciales, e incluso llegan a la canallada de pedirles que traten mal a los alumnos a distancia para presionarles a concurrir. Y, ¿qué hace el Estado para impedir esa bellaquería? ¿Cuál Estado? ¡Acaso existe!
Los países que presumen de desarrollados y modernos, con Suecia a la cabeza, Alemania y otros, exigen -incluso con medidas coercitivas totalitarias- que los niños asistan a las escuelas. ¡En Suecia se amenaza a los padres que si no envían a sus niños a la escuela el Estado procederá a secuestrarlos y separarlos de sus padres! ¡Que barbaridad! ¡En un primer momento provoca pensar que en el último siglo lo único bueno que ha producido Suecia es el grupo ABBA y Zlatan Ibrahimovic! Pero, ¡NO!, lo único grande y honra del ser humano que ha producido Suecia en el último siglo se llama GRETA THUNBERG.
Pero, al igual que mencioné la diferencia entre el “sistema” de salud y el personal médico, en justicia también debo diferenciar el “sistema” educativo del personal educativo. Este último ha sabido afrontar la emergencia con dignidad, a pesar de que ha tenido que trabajar mucho más en preparar material para las clases virtuales y soportar que les rebajen el sueldo en las empresas particulares con el pretexto de que los alumnos pagan menos por las clases por internet. A pesar de aquello, los profesores no han desmayado en emplearse a fondo y sacar adelante sus clases. Para todos ha sido una nueva y extenuante experiencia que, creo dejará beneficios para el futuro, como nuevas modalidades educativas, y suscitará en los estudiantes espíritu de independencia e iniciativa propia.
Þ 9. LA SOCIEDAD INDIVIDUALISTA: Parece una contradicción y una paradoja poner las dos palabras juntas “sociedad” e “individualista. La pandemia ha desnudado la característica de que la sociedad propiamente dicha no existe, sino una mera aglomeración anárquica de individuos en espacios inhóspitos llamados ciudades.
En efecto, apenas la Organización Mundial de la Salud declaró -tardíamente- la pandemia, se produjo el pánico, al igual que ante una declaración de guerra o devastación de cosechas: ¡Sálvese el que pueda! ¡Asalto a los supermercados para disputarse a codazos, patadas y mordiscos el papel higiénico! ¡El acaparamiento de los insumos básicos de supervivencia! En mi libro CRÓNICA DE UN GENOCIDIO relato situaciones demenciales similares en la China, con la obvia ocultación de los bienes y la multiplicación infame de su precio. Esto último, además, revela de manera incontrovertible que aquel desventurado país es capitalista puro.
Los comerciantes del sistema capitalista no dejan pasar oportunidad de especular y robar, y las épocas de mayor demanda son sus “navidades”.
Desde el principio de la pandemia y hasta este momento las medidas de protección que han demostrado ser eficaces son muy simples de aplicar, y apenas son tres: mantenerse a dos metros de distancia de otra persona, ponerse una mascarilla y lavarse las manos. Pero la banalidad, irresponsabilidad y abulia de la gente no les han permitido ponerlas en práctica e incluso se han rebelado contra ellas. Ya en conocimiento del alto nivel de contagio del virus, el Gobierno de la China organizó un banquete con la presencia de cincuenta mil familias, SÍ, 50.000 familias, yo también leí varias veces la cifra porque no lo podía creer.
La primera medida obliga a mantenerse en casa, lo que se ha llamado confinamiento. Pues bien, los individuos se niegan a hacerlo. Cuando en la ciudad de Guayaquil-Ecuador, las personas morían como moscas en la calle, los sanos se ponían en cola ante las puertas de los prostíbulos. Seguramente esto ocurría en todas las ciudades del mundo, pero anoto lo que yo vi en un video. Las mismas “autoridades” que disponen los confinamientos y toques de queda van a bailar y beber en los restaurantes y clubes nocturnos hasta pasada la medianoche. Muy pocos tienen la capacidad mental y moral para percatarse de que una pequeña violación de una de las tres simples normas puede significar la muerte de varias personas, y convertir a un descuidado o un irresponsable en un asesino.
Þ 10. EL EMPLEO: Los confinamientos y toques de queda implicaron la paralización de la actividad económica, el cierre de todos los negocios y empresas, desde tiendas de barrio, hasta hoteles, con la ruina de la mayoría de la población que no dispone de fondos de ahorro porque simplemente el salario apenas le alcanza para sobrevivir y presentarse al trabajo al siguiente día, o porque tienen la pésima costumbre de gastar más de lo necesario en un consumismo demencial e irresponsable.
Ante esa situación, sobre la base de experiencias comprobadas en otras circunstancias, recomendé las medidas a tomar para proteger a cada país, evitar contagios, salvar vidas y reactivar la actividad económica, en un artículo con el título: UN PAÍS MODELO, SIN ENFERMOS, SIN MUERTOS Y CON ECONOMÍA SOLVENTE (2020-05-18).
Algunos empleadores redujeron la jornada de trabajo, o el salario de los trabajadores; otros no dudaron en emplear el chantaje y las amenazas para lograr el mismo rendimiento con menor salario, aprovechándose que para una persona normal “le chômage est pire que la maladie”(el desempleo es peor que la enfermedad).
Un beneficio de la paralización de la actividad económica fue su paulatina reactivación por el desarrollo del trabajo desde casa mediante la red Internet, lo que reveló varias ventajas, a saber: una sustancial reducción de la movilidad motorizada y la purificación del ambiente urbano; la demostración de que la presencia física del trabajador en la empresa no siempre es necesaria, lo que debe implicar un cambio en la gestión de las empresas y en la arquitectura de las oficinas y de las viviendas; la realización de gestiones en empresas públicas y privadas mediante la misma red y el correo electrónico, lo que implica menor posibilidad de chantajes y coimas ya que al no existir contacto físico entre el funcionario y el ciudadano que paga su sueldo, quedan registros escritos de la relación entre ambos; mayor creatividad e iniciativa en los dos polos de la actividad económica, etc., etc.
Þ 11. LAS INSTITUCIONES
La Organización de Naciones Unidas, ONU. Bueno, en toda su historia ha sido una institución únicamente buenísima para organizar “cumbres” mundiales con varios temas, ninguna de las cuales jamás ha tenido el menor beneficio práctico mas allá de las declaraciones líricas y de las resoluciones finales cuyos firmantes saben de sobra que no las van a cumplir. Además del derroche de dinero, los banquetes, besos, abrazos y sonrisas en las fotos, son absolutamente inútiles. En otro artículo cuyo tema lo ameritaba, transmití la noticia del comportamiento perverso e inmoral de sus funcionarios que viajan por todo el mundo. Para colmo, hace un tiempo circularon noticias de violaciones de niños y mujeres por parte de los cascos azules franceses (fuerzas armadas de distintos países, auspiciadas por la ONU para, supuestamente, separar las fuerzas en conflicto) en África, y en la destrucción del patrimonio cultural de los saharauis. En el caso de la presente pandemia, la ONU simplemente no ha existido; su asamblea anual de septiembre ha pasado completamente inadvertida (menos mal) pero seguramente ha costado muchísimo dinero inútilmente gastado.
La Organización Mundial de la Salud, OMS. Esta en cambio ha demostrado su complicidad en el genocidio de dos maneras: al secundar el ocultamiento de la epidemia por parte del gobierno chino y ponerse de su lado; y al no urgir a los gobiernos de todo el mundo a cerrar su fronteras desde que se conoció el primer caso de contagio por el Virus Chino el 13 de enero. OMS: CÓMPLICE DEL GENOCIDIO.
Los gobiernos y parlamentos. Ya he escrito sobre las bandas de ignorantes, irresponsables, inútiles y asesinos por negligencia que integran estas instituciones, en los puntos 1 y 5.
Las Fuerzas Armadas, FFAA,de cada país. La pandemia requiere de una movilización masiva de las fuerzas armadas para desempeñar múltiples tareas, entre otras, la distribución de insumos médicos y de protección, así como el traslado de médicos y personal de salud hasta el confín de todo el territorio, incluidos anejos campesinos, aldeas inaccesibles, selvas, pantanos y cumbres montañosas; para transportar los productos de las cosechas del campo a las ciudades; para cerrar los cercos de confinamiento y controlar a los resabiados; para vigilar el cumplimiento de los toques de queda; para desinfectar calles, edificios y todos los espacios públicos de pueblos y ciudades, etc., etc. Pero las FFAA han permanecido haraganeando en sus cuarteles. En el caso del Ecuador tal vez este comportamiento se explique porque aún no se curan del espanto que les causó la rebelión indígena de octubre del año pasado. La Policía nacional -al parecer- sí ha cumplido sus deberes y sus integrantes se han ganado sus sueldos honradamente, así que se salvan de esta crítica.
Las iglesias. Decoradas con cruces, medias lunas, estrellas de David, hoces y martillos y otros íconos que han terminado por ser símbolos de la banalidad, todas ellas han demostrado hasta la saciedad y la muerte que son más inútiles que una peinilla para la cabeza de un decapitado calvo. Se llaman a sí mismas “guías de la humanidad”. Pues en esta pandemia no han guiado a ninguna humanidad a ningún lado. Podían -por lo menos- haber GUIADO a sus feligreses a cumplir con las tres normas elementales de protección, ahora sí y nunca más justificado, bajo pena de pecado mortal y fuego eterno. Pero su banalidad demuestra más allá de toda duda que todas ellas deben ser arrojadas al basurero de la historia.
Las universidades. Aparte de aquellas poquísimas en el mundo que han hecho descomunales esfuerzos para desentrañar las características del Virus Chino y su manera de ingresar a las células de los diferentes órganos humanos, y para producir una vacuna, el resto de cientos de miles de universidades han procedido igual que las FFAA y las iglesias: simplemente no han existido. Habrían podido desarrollar actividades vitales, entre ellas cumplir su papel de referentes de la sociedad (autoridades científicas ante las que acude la sociedad para conocer la verdad objetiva y entender las apariencias) ante la avalancha de noticias falsas, de manera de anular a las millones de personas bobaliconas e irresponsables que usan las “redes sociales” para difundir absurdos, barbaridades y burdas estupideces. Movilizar a sus estudiantes a desempeñar las actividades que corresponden a las FFAA y que, como he anotado arriba, aquellas no cumplieron. ¿Acaso sus estudiantes de los últimos años de medicina y enfermería no podían concurrir masivamente a ayudar al personal médico desbordado por la avalancha de pacientes? ¿Acaso sus estudiantes de Trabajo Social, Ingeniería, Arquitectura, etc., no podían acudir a los barrios a informar, guiar y controlar a la población? Cuando yo fui profesor universitario sí acudíamos con nuestros alumnos (muchas veces motivados por ellos mismos) varias tardes, noches y fines de semana para cumplir esas tareas en barrios populares y anejos campesinos. Ahora, en medio de la pandemia, universidades: CERO.
En este punto cabe incluir a los graduados universitarios, de tercero y cuarto nivel. Si la sociedad hizo posible que adquiriesen una educación universitaria, lo menos que podía demandarles es que también cumplieran su responsabilidad y deber como guías y autoridades en época de tragedia. Pero no, fueron de los primeros en abúlicamente desempeñarse como correas de transmisión y difusión de noticias falsas y pánico. No cortaron aquellas ni pusieron en evidencia los engaños sino que los difundieron sin comentarios. Cuando uno de ellos me envió una barbaridad, le demostré que era una basura y le recomendé que asumiera su responsabilidad, ante lo cual me respondió muy enojado y seguro de sí mismo: “yo no tengo obligación de orientar”, e inmediatamente me retiró hasta el saludo, menos mal.
Þ 12. EL CONSUMO: La escasez real, la provocada por los especuladores sin conciencia y la limitación de la movilidad ha obligado a las personas y a las familias a racionar el consumo. Hemos descubierto que podemos vivir cómoda y perfectamente con menos agua (a pesar de lavarnos las manos cada cuarto de hora), menos comida, menos productos para el hogar y, obviamente, producir menos desperdicios.
La reducción del consumo ha sido generada simplemente por la disminución del desperdicio. Es sabido que una enorme parte de la producción mundial de alimentos se desperdicia, parte en el manejo y en el transporte y una gran parte en su manipulación y raciones excesivas en casa. Queda como conocimiento y experiencia que se puede racionalizar la economía de los hogares y reducir el deterioro ambiental simplemente con disciplina. Pero que aquella sólo es ejercida ante el temor de la muerte. ¡Terrible!
Þ 13. LA VIDA EN EL INTERIOR DEL HOGAR: Los confinamientos y toques de queda, las actividades escolares presenciales suspendidas, los trabajos desempeñados desde casa, etc., han obligado a la familia a reunirse, compartir los espacios y los equipos, etc., todo lo cual -por absurdo que parezca- ha obligado a soportarse mutuamente y colaborar en las tareas. Padres y madres han tenido que presenciar o vigilar o participar en las labores escolares, con lo cual algunos han descubierto que los profesores de sus hijos son seres extraterrestres todopoderosos y ubicuos enviados por dios. Todo aquello es buenísimo y debe dejar experiencias muy valiosas. A menos que las estadísticas poblacionales nacionales reflejen al final un aumento de divorcios, maltrato infantil, hijos escapados de casa y similares.
Infortunadamente, parte del tiempo compartido ha sido perdido alrededor del miembro más querido de la familia: la televisión, cuyos programas y películas proyectadas, en su absoluta mayoría son basura.
Cabe recordar aquí un pasaje de la novela CONTACTO, de Carl Sagan, en el cual los extraterrestres de la estrella Vega re-envían a la Tierra uno de los primeros episodios transmitidos por la televisión terrestre: Hitler en la inauguración de los juegos olímpicos de Berlín. En la novela se explica que “nuestras señales de televisión abandonan este planeta y se internan en el espacio... se desplazan a la velocidad de la luz y continúan eternamente...”, y los científicos se escandalizan y avergüenzan al darse cuenta de que las primeras noticias de la población de la Tierra que pueden captar seres de otros planetas son programas y películas de la televisión, con lo cual la primera idea de lo que somos van a tener al ver “toda la bazofia que emiten por televisión, los accidentes automovilísticos, los canales pornográficos, las noticias de la noche...”, las declaraciones de los gobernantes, etc. <Me muero, hijo, qué van a creer de nosotros> Y, en realidad, la mayoría de programas y películas son una auténtica bazofia.
Uno se sorprende, se arrepiente y luego hace penitencia si es capaz de haber soportado una hora viendo una película (o aún más tiempo si está salpicada de propaganda comercial de basuras que no necesitamos) en la cual se acude a los instintos más primitivos de los seres humanos para tenerlos secuestrados todo ese tiempo y, al final, al ver varias pantallas con los centenares de nombres de las personas que han trabajado para producir esa basura se pregunta, entre asqueado y triste: ¡cuántas vidas desperdiciadas al ser empleadas en producir basura!
Se repite miles de millones de veces el cuento de la cenicienta: un “malo” comete las peores barbaridades y perversidades (la “calidad” de la película y el número de espectadores están determinados por el grado de perversidad de los malos), los “buenos” son unos grandísimos pendejos que lo soportan todo y -luego de varios episodios o dos horas de película- solamente en el último minuto y escena el malo recibe un castigo y los buenos proceden a casarse. El espectador permanece secuestrado comiéndose las uñas, con las palmas de las manos sudando y esperando el momento en que sea castigado el “malo” y puedan casarse los “buenos”. ¡Miles de millones de espectadores secuestrados como simples bobalicones!
O sea que este tiempo que la pandemia obliga a la familia a permanecer unida es perjudicial a la misma en el orden cultural y moral.
Ahora bien, sigo describiendo la tragedia del género humano: la mayoría de la población del planeta no dispone de una vivienda mínimamente decente. De manera que no se le puede pedir ni obligar que se “quede en casa”, ni multar porque no lo hace. Las familias que viven en chabolas, favelas, conventillos y demás refugios precarios de caña, cartón o lata, con aberturas para el viento y las cucarachas, con bajísimos índices de habitabilidad, altísima densidad, pésimas condiciones ambientales y sanitarias, no pueden quedarse en casa. Peor aún si hasta los niños deben salir noche y día a buscarse el pan de cualquier manera, incluso rebuscando entre la basura. De manera que el pleno empleo y la disponibilidad por cada familia de una vivienda mínima óptima son dos necesidades esenciales que, mientras no se cumplan, ningún habitante de este planeta puede decir que tiene una vida digna.
Þ 14. LA RELACIÓN DE LOS SERES HUMANOS CON LOS OTROS ANIMALES: Desde que los seres humanos se convirtieron en pastores (hace unos diez mil años en la llamada Revolución Neolítica), consumidores de carne, se pusieron en el riesgo de adquirir algún virus que, siendo normal y hasta beneficioso para los animales, al mutar, puede invadir el cuerpo humano y enfermarlo. Con el crecimiento exponencial de la población y la tecnificación de la ganadería, para abastecer al gigantesco mercado se procedió a criar y multiplicar a los animales de forma cruel y anti-natural y, lo que es peor, como la enorme mayoría de la humanidad vive en condiciones de extrema pobreza, se ve obligada a consumir lo que encuentre y como lo encuentre. De esta manera los chinos sumidos en la miseria consumieron murciélagos crudos y en ellos el virus chino.
Los científicos han identificado cerca de un millón de virus en los animales que consumimos y que, o ya están en el organismo humano a la espera de las condiciones para ingresar en las células o pueden estar en cualquier momento, de manera que el actual virus chino no pasa de ser UNO de aquellos.
Así las cosas, quedan tres alternativas de solución: una, dejar de ser sangrientos y carniceros y abstenerse de consumir animales, con el perjuicio de la disminución de proteína animal, tan necesaria para la salud y para el cerebro (aunque la mayoría parece que no lo usan); dos, criar y multiplicar a los animales en condiciones naturales y, luego, consumirlos previa vigilancia sanitaria y preparación higiénica y, tres, eliminar la pobreza en el mundo para evitar el consumo de basura por parte de los miles de millones de desempleados y miserables.
A ver cuál de las tres alternativas es capaz de poner en práctica esta irresponsable sociedad.
Þ 15. LA GLOBALIZACIÓN: Con más de doce millones de pasajeros trasladándose por todo el mundo al año a una velocidad de 900 kilómetros por hora, en aparatos que saturan de dióxido de carbono la atmósfera, sin ningún control sanitario, el mundo está sometido a innumerables riesgos desconocidos, insospechados, incalculables y, por lo tanto, incontrolables. Está por demás demostrado que si todos los países cerraban sus fronteras por tierra, mar y aire el 13 de enero de este año la pandemia no se producía.
Y, en cambio, las ventajas de esa movilidad y comunicación física son muy poco significativas, tan poco que, sin ellas, podríamos vivir la mar de tranquilos y sobrados de lo necesario.
Así que valdría leer mi PROPUESTA DE SOSTENIBILIDAD PARA CHINA Y EL MUNDO, en mi libro CRÓNICA DE UN GENOCIDIO, para conocer que sin la Globalización estaríamos muy bien.
Þ 16. LOS HÉROES: Por supuesto que no todo es malo “en el Reino del Señor”, también hay unos seres humanos que infortunadamente están siendo cada vez más raros y extraños: los BUENOS, el colmo de BUENOS. Veamos un listado de ellos, por supuesto que no es exhaustivo y, desde ya, ruego me disculpen aquellos que no vayan a ser mencionados, por favor no vayan a enojarse.
1. 1. Los médicos, enfermeras y todo el personal de los hospitales, (claro, menos los que traficaron con los insumos médicos). Estos héroes salieron a la calle a plantar cara al virus chino, a pecho descubierto y jugándose sus vidas y las de sus familias. A ver si en los próximos días se les erige un monumento en todas las plazas principales de todas las ciudades de todos los países del mundo, y se difunde su ejemplo en todo el aparato educativo.
2. 2. Los científicos que, en tiempo récord, han producido varias vacunas que pronto serán aplicadas.
3. 3. El personal de servicios públicos urbanos: recogedores de basura, conductores de transporte público, encargados de mantener en funcionamiento las redes de energía, agua potable, alcantarillado y comunicaciones; policías, bomberos, etc.
4. 4. El personal y dependientes de tiendas de barrio, mercados y supermercados, sin los cuales no habríamos muerto por el virus chino sino de hambre e inanición. Por supuesto que ellos no hubieran tenido nada que hacer si los productores agrícolas, ganaderos, industriales y demás no hubiesen abastecido los puntos de venta.
5. 5. Los empleados públicos y privados que tuvieron que instalarse en sus puestos de trabajo para que siguiera funcionando la sociedad.
6. 6. Los hijos que cuidan de sus padres ancianos, y siguen empeñados en “dar comprando” los víveres para evitar que salgamos a la calle. ¡MUCHAS GRACIAS! Seguramente no serán los únicos casos en el mundo.
7. 7. Y.......¡se me acabó la lista!........
PePero, a fin de cuentas, creo que yo soy el más malo del mundo, ya que indirectamente resulta que traje a este mundo espantoso a mis nietos y les dejo con la responsabilidad de arreglar todo este desbarajuste o, mejor y más fácil, construir una sociedad decente.¡Menuda tarea!
LMG. 2020-12-16
1.
Toda la historia completa y detallada se puede leer en mi libro CRÓNICA DE UN GENOCIDIO, 5 de septiembre del 2020.