lunes, 21 de julio de 2014

MOVILIDAD SOSTENIBLE: ABSURDO FILOSÓFICO E IMPOSIBILIDAD PRÁCTICA


1.   MOTIVO DEL COMENTARIO

Los organismos multinacionales de crédito o asistencia técnica para los países denominados por ellos “en vías de desarrollo”, “del tercer mundo”, o “con menor desarrollo relativo” tienen por costumbre y norma de procedimiento utilizar y obligar la utilización de términos que se convierten en dogmas, y que ni sus técnicos ni los técnicos criollos se molestan en definir ni conceptualizar. Así por ejemplo: “planificación estratégica participativa”, “planificación estratégica situacional”, “marco lógico”, etc. Conjuntamente con el uso de esos y otros términos convertidos en “cliché”[1] (perdonen el uso de otro idioma)[2] se aplican procedimientos –no tienen la calidad de “metodologías”- reñidos con toda lógica y toda corriente filosófica. Transcurren los años y, a pesar del evidente y trágico fracaso de los procedimientos impuestos, se los sigue utilizando y aplicando, sin el menor rubor, pudor o remordimiento por la dilapidación inútil de los escasos recursos disponibles en aquellos países.

En los últimos años se ha venido enunciando y repitiendo con demasiada insistencia –y ninguna definición o conceptualización- el binomio “movilidad sostenible o sustentable”, junto con la “globalización”, también aceptada como si se tratase de un hecho tan natural e ineludible como el “aparecimiento” del sol en el horizonte. Es de extremada importancia examinar la validez de la unión de esas dos palabras debido a que se ha apropiado indebida y abusivamente de un término de gran valor, a partir de la ya demostrada fragilidad del planeta; y se lo usa para justificar sin oposición la realización de obras públicas que están consumiendo enormes recursos con efectos perjudiciales.

2.   CONCEPTOS FILOSÓFICOS PREVIOS

Para iniciar una discusión científica es menester hacerlo definiendo los términos que se analiza. Empecemos con los básicos:

Sostenibilidad: veamos varias definiciones:

Sostenible: “Dicho de un proceso: Que puede mantenerse por sí mismo, como lo hace, p. ej., un desarrollo económico sin ayuda exterior ni merma de los recursos existentes.”[3]
Según el diccionario Larousse, sustentar y sostener son sinónimos.

“La sostenibilidad es una relación entre los dinámicos sistemas económicos humanos y los sistemas ecológicos más grandes, también dinámicos pero normalmente más lentos para cambiar, en la que: a) la vida humana puede continuar indefinidamente; b) los individuos humanos pueden prosperar; c) las culturas humanas se pueden desarrollar, pero en la que: d) los efectos de las actividades humanas permanecen dentro de ciertos límites, para no destruir la diversidad, la complejidad y la función del sistema ecológico que da soporte a la vida… La sostenibilidad ha sido interpretada de diversas formas, pero una definición útil es la cantidad de consumo que se puede mantener indefinidamente sin degradar las existencias de capital, incluyendo las existencias de capital natural”[4]

La comprensión de esa última definición tiene como requisito la del concepto de “sistema”, porque incluso en aquella está mal utilizado.

SISTEMA: conjunto de elementos vinculados entre sí de tal manera que la modificación o variación de uno de ellos provocará la modificación de todos.

La asimilación total de ese concepto es de vital importancia para el tema que nos ocupa, por lo que se recomienda reflexionar en las palabras claves del mismo: “conjunto”, “vinculación” y, fundamentalmente aquello de que “cualquier (por pequeña que sea) variación de uno de ellos provocará la modificación de todos.

De acuerdo con esta definición nos veríamos en la dificultad de que el término “sistema“ tendría que aplicarse únicamente a todo el universo, y el resto de conjuntos pertenecientes a él serían una suerte de sub sistemas. Esa es la realidad concreta: el sistema universo está compuesto por tres subsistemas: el natural, el artificial o construido por los seres humanos desde la aparición de la vida consciente, y el subsistema social.

Ahora podemos pasar a la definición de DESARROLLO, y su diferencia con CRECIMIENTO:

“Crecer significa aumentar en tamaño como resultado de la asimilación o acumulación de materiales. Desarrollar significa expandir, realizar las potencialidades o llevarlas a un estado mejor, mayor o más completo. Cuando algo crece se agranda cuantitativamente; cuando algo se desarrolla mejora cualitativamente… El crecimiento cuantitativo y el mejoramiento cualitativo siguen leyes diferentes… Nosotros hacemos una distinción radical entre crecimiento de consumo de recursos (crecimiento propiamente dicho) y mejoramiento de la eficiencia (desarrollo según la acepción del diccionario)”[5].

Y el cambio cualitativo determinante del desarrollo de la humanidad, sin el cual es un abuso usar el término, es el mejoramiento de la calidad de vida de los seres humanos.

Ahora podemos pasar al siguiente concepto. DESARROLLO SOSTENIBLE:

“Desarrollo sin un aumento en el consumo de recursos que supere la capacidad de carga del medio ambiente”[6]

“El desarrollo sostenible es aquel que satisface las necesidades del presente sin comprometer la habilidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”[7]

Parece que estamos en condiciones de abordar el análisis del binomio que motivó la presente crítica.

3.   DISCUSIÓN FILOSÓFICA DEL BINOMIO: movilidad sostenible.

Del análisis anterior queda claro, básicamente, que el concepto de “sostenibilidad” solamente es correcto aplicarlo a un sistema, no a algún componente aislado de aquel, ni siquiera a un subsistema, ya que:

Ø  Es imposible físicamente que un elemento que depende de otros para su existencia pueda mantenerse a sí mismo, sin ayuda exterior o merma de los recursos existentes;
Ø  La variación de un elemento subordinado al sistema del que forma parte, es imposible que se produzca sin afectar al conjunto y, por lo tanto, esos efectos deben ser evaluados para verificar si benefician a la calidad de vida de la población en su conjunto;
Ø  La variación de cualquiera de los elementos del sistema del que forma parte el elemento en estudio, necesariamente afectará a éste, por lo tanto, afectará a su sostenibilidad;
Ø  El crecimiento y desarrollo de cada uno, de cualquiera, y de los restantes elementos del sistema del cual forma parte el elemento en estudio, producirá necesariamente la variación de éste, afectando a su imposible sostenibilidad autónoma.
Ø  En suma, la imposible autonomía de un componente de un sistema hace, a su vez, imposible la sostenibilidad de aquel por sí mismo y de manera autónoma.

Hasta aquí queda demostrada la imposibilidad filosófica de la movilidad sustentable o sostenible.

4.   LA IMPOSIBILIDAD PRÁCTICA DE LA MOVILIDAD SOSTENIBLE

Debemos empezar por definir MOVILIDAD:

Flujo o  movimiento provocado por la necesidad de relación entre las actividades de los seres humanos en el territorio, que se realiza mediante transferencias de personas, bienes, servicios e información entre ellas; que tiene como instrumento al transporte y como continente al espacio público.

Ya de esa definición queda clara la dependencia y absoluta imposibilidad de la autonomía de la movilidad respecto del subsistema espacial; es más, existe una total determinación de la existencia, funcionamiento y ubicación de las actividades de los seres humanos sobre la movilidad, que está subordinada a aquellos otros elementos del subsistema.

Si el territorio (regional o urbano) crece por expansión, o por densificación o, dicho de otra manera: si cambia la cantidad de población y sus actividades varían en su forma (en dos o tres dimensiones), cantidad, o ubicación en el territorio, NECESARIAMENTE, la movilidad deberá cambiar, de manera planificada o no, conscientemente o no, para adecuarse y posibilitar la interconexión y el funcionamiento de esas actividades y la relación de la población con ellas.

Incluso en una planificación óptima y científica de la movilidad (realizada de manera independiente de las presiones políticas de las autoridades, de las limitaciones conceptuales y técnicas de sus autores, o de las presiones de los capitales involucrados en la venta de determinadas tecnologías, insumos o equipos; o sea, imposible en el Modo de Producción Capitalista), incluso en esas condiciones ideales, una perfecta red de movilidad, inmediatamente apenas empiece a funcionar, provocará un cambio en el funcionamiento del territorio: atraerá a unas actividades altamente dependientes de su eficiencia, expulsará a otras menos necesitadas o menos rentables, modificará los comportamientos de las personas servidos por ella y atraerá a las menos servidas, en suma, PROVOCARÁ CAMBIOS que determinarán la necesidad de modificaciones en aquella, o sea que: NO SERÁ SOSTENIBLE.

Entre las modificaciones que sufrirá la red de movilidad “perfecta” está la mayor cantidad de viajeros que aquella para la cual fue calculada; lo cual, junto con los cambios en el uso y la ocupación del suelo, provocarán en el corto o mediano plazo la saturación de la red y su colapso.

La movilidad es un elemento subordinado del subsistema urbano, tal como se puede ver en el gráfico adjunto, en consecuencia, se aplican a ella todas las condicionantes anteriores.



El gráfico ilustra de manera muy clara el rol subordinado de la movilidad en el subsistema espacial, y su determinación por las actividades, la relación entre las cuales es su razón de existir; así como que la especificidad de aquellas: funcional, tecnológica y simbológica; y sus características económicas, políticas e ideológicas, DETERMINAN a la movilidad.


Para mayor abundancia, una comparación de la nueva “movilidad sostenible” con la definición enunciada en el punto 2, produce las siguientes conclusiones:

1.     La movilidad, tal como queda una vez en funcionamiento, no puede continuar indefinidamente, tiene una pronta obsolescencia, por los efectos indicados;
2.     Los individuos no pueden prosperar de manera igualitaria, unos mejorarán y otros serán desalojados;
3.     Las actividades funcionarán de manera inequitativa, unas prosperarán y otras desaparecerán del ámbito cubierto por las redes de movilidad. Estas inequidades provocarán convulsiones en otros sectores del territorio, que obligarán en el corto o largo plazo, a otras intervenciones en movilidad.
4.     Los efectos de las actividades no permanecen dentro de ciertos límites, sino que, todo lo contrario, el precario equilibrio anterior es roto por otra precariedad que, en el corto plazo obligará a una nueva modificación de esa movilidad, nada sostenible.

Ante esa realidad filosófica y práctica, queda claro que es utópico y subjetivo pensar en la posibilidad de lograr la sostenibilidad de la movilidad por sí sola, aislada del subsistema que la determina.

5.   LAS CONSECUENCIAS NOCIVAS DE LA UTÓPICA MOVILIDAD SOSTENIBLE

Podría pensarse que la discusión que se propone no pasa de ser “bizantina” (¡que absoluta ignorancia de la cultura bizantina está implicada en esa expresión!) o meramente teórica o ideológica, sin consecuencias prácticas, pero infortunadamente no es así.

En las mentes de los planificadores del transporte y en sus planes referidos a la movilidad -y que según los países en los que se aplican tienen distintos nombres: planes de desplazamiento, planes de movilidad, planes de circulación, planes de transporte, etc., etc.- se encuentra que tanto el diagnóstico como las propuestas se inician en el transporte (apenas un instrumento de la movilidad) y terminan en el transporte. Lo que revela un absoluto desconocimiento de las determinaciones anteriormente demostradas. En algunos de ellos se encuentra un error terrible, cuando ponen que el plan de transporte debe regir al plan urbano, e incluso algunos ponen que ¡debe determinar a la política urbana! Lo cual casi equivale a decir que el calor determina a la presencia de la radiación solar.

Pero lo más trágico es que esas concepciones fragmentarias y equivocadas de la realidad han llevado en los últimos años a que la mayor cantidad de recursos se empleen en la construcción y funcionamiento de uno de los instrumentos de la movilidad, o sea del transporte público; con lo cual entre otras aberraciones, el más alto porcentaje de espacio público es dedicado a los vehículos, en desmedro de las áreas verdes, de los equipamientos colectivos y de los espacios para el encuentro social.

La realidad proporciona la demostración de que esa concepción es equivocada y fragmentaria, tal es así que las “soluciones de transporte” –llámense trolebús, trans-milenio, bus rápido de transporte BRT, tranvía, metro, o como se quiera- en el corto plazo (tres años para el trolebús de Quito) fracasan, se vuelven obsoletas y, como el ser humano es el único animal que tropieza infinidad de veces con la misma piedra, llevan a pensar en nuevas “soluciones”, con más empleo del espacio público y mayores recursos, en un círculo vicioso que no parece terminar; claro, con el beneplácito de los capitalistas del transporte, y con el de los alcaldes deseosos de una obra de oropel que les dé o devuelva el favor de las desinformadas mentes de sus “ciudadanos”[8]

Esta es, infortunadamente, otra oportunidad de demostrar la validez del pensamiento de Albert Einstein: “No hay mayor signo de demencia que hacer la misma cosa una y otra vez de la misma manera y esperar que los resultados sean distintos”





[1] Cliché: una frase o palabra que ha perdido su efectividad o fuerza original debido al uso exagerado de ella.
[2] A propósito, en muchas casos también se usa o exige el uso de las expresiones en el idioma original, que suele ser el inglés, así por ejemplo: “marketing”, “benchmarking”, “outlet”, “playoff”, “por temporada: 50% off”, “seminario de feeling”(para colmo de precariedad intelectual, este último se usa en establecimientos cuya obligación es formar o entrenar las mentes de la niñez y juventud), “lofts”, “dormitorio master”, y otras cursilerías usadas por personas que se avergüenzan de su origen.
[3] Microsoft Encarta, 2007.
[4] Costanza Robert: La economía ecológica de la sostenibilidad. Inversión de capital natural. En: Desarrollo Económico Sostenible, avances sobre el informe Brundtland, págs. 157-159.
[5] Introducción a Desarrollo Económico Sostenible, avances sobre el informe Brundtland, págs. 17 y 18.
[6] Ibídem. Pág. 16.
[7] WCED, 1987, citado por Salah El Serafy: Sostenibilidad, medida del ingreso y crecimiento. En: Desarrollo Económico Sostenible, avances sobre el informe Brundtland, pág. 106.
[8] Las comillas obedecen al criterio de Aristóteles, para quien ciudadano es solamente el que participa en la toma de las decisiones, no el que paga las consecuencias del fracaso de sus mandatarios.

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